Reseñas

jueves, 30 de junio de 2016

El dios asesinado en el servicio de caballeros.

Verónica, alias Parabellum, es detective paranormal y debe enfrentarse a todo tipo de criaturas en su trabajo. Pero detener una guerra entre dioses griegos y nórdicos puede ser demasiado incluso para ella.

Verónica Guerra, alias Parabellum, se acaba de encontrar el cadáver de un dios en el maletero del coche y no recuerda qué hace ahí. Pero eso no es lo más raro que ha visto.
A Verónica le gusta su trabajo y un misterio así puede ser difícil de ignorar; aunque quizá no tanto cuando hay facturas que pagar y otros casos que resolver.
El problema es que tras el descubrimiento del cadáver los acontecimientos se precipitan, con el riesgo de que dos facciones divinas acaben declarándose la guerra en pleno centro de Barcelona. Verónica tendrá que vérselas con valkirias, vampiros, fantasmas y duendes irlandeses y evitar acabar siendo convertida en piedra si quiere resolver el caso. Y todavía debe sacar tiempo para llevar su coche a pasar la ITV.
No es una semana fácil para Verónica. Pero nadie dijo que ser detective paranormal fuera un trabajo fácil.

Portada, llamativa a más no poder.



Lo que acabáis de leer es la sinopsis oficial del libro, tal y como se puede leer en la web de Fantascy, editorial del libro (le he metido un poco de censura ya que para mi gusto cuenta demasiado...) y creo que es importante que sepáis primero a que os enfrentáis.
Parabellum 1 (voy a utilizar esta abreviatura) nos presenta un mundo nuevo en plena Barcelona, donde el inframundo, la mitología y demás seres sobrenaturales conviven con los humanos, entre las sombras, con sus propios negocios y problemas, no tan ajenos a los humanos. Verónica Guerra es nuestra protagonista, una detective que atiende al alias de Parabellum, especializada en asuntos relacionados con causas paranormales. Verónica y Parabellum no son exactamente iguales, representan una dualidad del mismo personaje, tan necesaria como efectiva a la hora de desarrollar la historia.

Los referentes y el estilo a utilizar están claros tratándose de una novela negra: detectives, mala vida, calles oscuras e investigación. Los libros de Jim Butcher sobre el detective Harry Dresden sería el primer ejemplo que se viene a la cabeza, junto con la literatura mas básica y típica del género. Es parecido, si, pero sin lluvia, sin abrigos largos, sombreros, tristeza y trascendencia. Parabellum 1 es pura diversión e incluso se permite el lujo de citar cada uno de los tópicos del género para que Verónica haga lo contrario, dinamitando clichés.
Pero decir que es pura diversión no le resta un ápice de calidad. Una de las cualidades que mas valoro a la hora de recomendar un libro (o cualquier otra cosa) es la honestidad y esta novela, tanto en planteamiento como en desarrollo, es honesta. 
Me explico.
La primera incursión de Sergio S. Morán en el terreno de la novela, ajeno a su carrera como creador de webcomics (la ya mítica ¡Eh Tio! o El Vosque) tiene como premisa el contar una historia entretenida, con toques de humor y claras referencias a la fantasía y al género negro. Su estilo también ayuda al discurrir fluido de la lectura, una forma de narrar directa, concisa, con buenas escenas de acción y aventura y unos personajes con personalidad, carisma y voz propia. Estilo correcto e historia que avanza dentro de los derroteros que cabría esperar, sin altibajos. Puro entretenimiento en una novela que se devora en unas pocas horas de lectura. Y, sin saberlo a ciencia cierta, creo que es lo que Morán quería conseguir y para ello utiliza todas las armas a su alcance.
Y ya: ni se necesita más ni quiere ir más allá.

El mundo de Parabellum da para franquicia, sin duda. Está lleno de lugares conocidos y personajes ya vistos mil veces pero con un giro, una cercanía y un tono de humor que resulta clave. Localizaciones como el Rainbow Arse, el pub irlandés de Barcelona para seres sobrenaturales y Killian, su dueño, dan mucho juego o Antón, el vampiro forense que siempre elige el turno de noche en la morgue. Morán posee la habilidad de recuperar los mil clichés conocidos y pasarlos por su tamiz propio, haciéndolos suyos sin parecer copias de obras anteriores. Otro merito enorme.

El sentido del humor es importante y una pieza clave en la novela pero tampoco os penséis que esto es un Mortadelo. Hay momentos de humor, de tono ligero pero sin restar intensidad al conjunto. Es un toque especial y arriesgado pero que funciona y ayuda a que la novela tenga mucha personalidad propia.

En definitiva, Parabellum 1 es una novela francamente entretenida, a medio camino entre el Dresden de Butcher y, como dice Antonio Torrubia en la faja promocional, a una Buffy escrita por Pratchett. Recomendable para todo tipo de lector, especialmente indicada para el verano y no soltarla hasta terminarla. 
A mi me ha convencido, espero con ansia un Parabellum 2.
Disfrutadla.

Si no os he terminado de convencer o no os fiáis de mí (normal, por otra parte) en la web de Fantífica tenéis Los muertos me quieren (muerta), una aventura inédita que sirve como introducción a la novela.

viernes, 17 de junio de 2016

Relojes de hueso


Portada de la edición española.


Esta entrada es de las difíciles. Complicada de reseñar, de concentrar todas las ideas que he visto y de rebuscar las que no he llegado a captar.
Puede ser debido a que es el primer libro de David Mitchell (El atlas de las nubes, El bosque del cisne negro, Mil otoños) que he leído y me ha dejado K.O.
O puede ser que me haya flipado demasiado con este libro.
O quizá es que soy un inútil para las reseñas.

Yo que se.

Relojes de hueso de David Mitchell, editado por Random House, es una obra enorme. A medio camino entre la narrativa (digamos) convencional y el fantástico, el libro de Mitchell nos presenta más de 700 páginas de historias con personajes unidos con saltos temporales. Casi nada.
Relojes de hueso es uno de esos libros que cuanto menos conozcas de él a la hora de comenzar la lectura, mejor. Spoilers fuera, me limito a un corta - pega del argumento oficial: 

Después de una pelea con su madre, Holly huye de su hogar. Mientras se adentra en la campiña inglesa, una extraña se cruza en su camino y le solicita «asilo», una petición a la que la adolescente accede sin ser consciente de su significado. De repente, las extrañas visiones y voces que la acechaban de niña vuelven a perseguirla y alteran su mundo hasta adquirir un aura de pesadilla. A esto se añadirá la traumática desaparición de su hermano pequeño, un niño inquietante con una inteligencia inusual.
Pasarán muchos años antes de que Holly entienda qué sucedió ese fin de semana.




El libro se estructura en 5 bloques diferenciados por saltos temporales de varios años en estricto orden cronológico (en los años 80, 90, 2000...e incluso el futuro cercano). Casi se podría hablar de tres historias que terminan por confluir en una parte final. Puede parecer confuso, complejo, pero a la hora de la lectura todo fluye de manera muy natural, sin artificios. Para soportar tanto argumento, Mitchell utiliza su dominio del lenguaje, de las diferentes voces de cada uno de los distintos personajes. Y ese, aparte de su creatividad, es su superpoder. Mitchell podría hacer interesante la lectura de un prospecto de un medicamento, siempre y cuando lo redactase él mismo. Domina todos los niveles de lenguaje, lo que le da una personalidad inmediata a cada personaje... y no son pocos.
Esa habilidad y la presencia de palabros creados por el autor hacen de la traducción al castellano (de Laura Salas Rodríguez) un trabajo más que notable, en una tarea difícil.

La estructura del libro nos hace revisitar continuamente a los mismos personajes, que se van incorporando poco a poco en la trama. Los veremos cambiar, crecer, madurar y cambiar con el paso de los años. Es difícil buscar un único protagonista pero el hilo conductor del libro es Holly Sykes, casi sin querer. En ella se unen los elementos realistas y fantásticos, bordeando siempre entre ambos mundos.
La habilidad del autor de colocarnos en situaciones normales, casi cotidianas en relación con el tipo de protagonista del capítulo y de repente, convertir la escena en un espectáculo fantástico, extraño e inconcluso, excepto en la última parte del libro, es asombrosa. La fantasía entra en Relojes de hueso por extraños rincones, pequeñas puertas entreabiertas en la narración y con la misma fuerza con la que se presentan, desaparecen. Puede llegar a resultar frustrante, por supuesto e incluso suponer un punto negativo en la novela para muchos lectores. Ves un destello de magia, de algo maravilloso (o aterrador, depende) y en un pasar de página, se desvanece. Ese aspecto es de lo mejor y lo peor del libro: te obliga a seguir leyendo, en busca de más información pero también te deja huérfano de respuestas. Al principio, esa información fantástica es dada con cuentagotas, pequeños detalles que van creciendo en intensidad y sentido según avanza la lectura hasta su explosión final en el penúltimo episodio.

La desconcertante mirada de Mitchell

Tan importantes como la narrativa de Mitchell o la estructura y tono de la novela son los personajes, consiguiendo un plantel de lo más atractivo. Holly Sykes, Hugo Lamb o Marinus se quedan en la memoria y como se puede ver en el gráfico que circula por la red, aparecen en otras obras del autor (creando lo que parece un, atención, Mitchellverso). Es muy sencillo entender el libro como un mosaico, al contar con tantos personajes tan distintos, relacionados entre sí. Utilizando el título como símil, cada personaje es una ruedecilla de un mecanismo (de un reloj, por ejemplo) que termina por relacionarse con los que tiene alrededor, generando un movimiento a lo largo del tiempo.

Gráfico de Internet donde se ven las relaciones de personajes con las obras del autor.


La propuesta tiene de todo y la extensión del libro no se queda atrás. Las ideas se desarrollan en su totalidad y muy poco se queda en el tintero pero eso no indica que la lectura se haga pesada. No es un libro para leer a la ligera, requiere tiempo, paciencia y concentración, sin restarle un ápice de diversión. Resulta gratificante avanzar en él, cambiar de año y observar como los personajes cambian, aunque el foco de atención no se centre siempre en un mismo protagonista. Todo fluye y confluye.

Relojes de hueso terminó ganando el World Fantasy Award en 2015 y finalista en el Man Booker Prize y aunque los premios no me digan mucho, es reseñable que haya sido reconocido el gran trabajo y la completísima propuesta del autor.
Al principio decía que era el primer libro de David Mitchell que he leído; lo mejor que puedo decir para terminar es que no va a ser el último.
Muy recomendable.

martes, 7 de junio de 2016

Outcast/Preacher

Se avecina un verano demoniaco, entre ola y ola de puto calor. En parte es culpa de la época del año, que saca lo peor de la gente y en parte por las nuevas propuestas de AMC y Cinemax.
Ambas con su origen en formato papel, en comic y con temáticas convergentes aunque con un enfoque dispar.




Preacher (AMC, sin fecha en España) es el oscuro objeto de deseo y temor del fandom desde hace años. Cómic de Ennis y Dillon de culto (publicado en España varias veces, la última por ECC), una de las obras con las que más he disfrutado en mi vida, tuvo varias intentonas para convertirse al cine o a la televisión. Finalmente, Seth Rogen se llevó el gato al agua y AMC, famosa por Breaking Bad o The Walking dead, acogió la propuesta. Los ánimos se calmaron al ser AMC un canal que cuida (en parte) sus producciones pero la aparición de Rogen levantaba suspicacias. Yo siempre dudo entre quererle incondicionalmente u odiarle a muerte. Ahí tengo el nivel, en esos extremos me muevo.
Anunciado el reparto, con ciertas adaptaciones estéticas y visto el piloto, me encuentro razonablemente tranquilo, con un estreno que apunta al notable. Los protagonistas cumplen, una vez salvados los recelos iniciales y el tono de la historia parece el correcto.



Preacher es la historia de un cura, Jesse Custer (Dominic Cooper), un predicador de un pueblecito del Texas profundo, falto de fe y vocación que se va a encontrar bendecido por la voz del Señor, un don divino capaz de convencer a la gente de que haga lo que ordenas. Literalmente.
En su camino aparecen Tulip, un viejo amor (Ruth Negga) y Cassidy (Joseph Gilgun), un vampiro.
Si.
Un vampiro. Quizás uno de los mejores personajes de ficción de los últimos tiempos.

Su historia va a transcurrir entre paletos, cárnicas, Santos de los Asesinos, ángeles y demás ovejas descarriadas, con una clara premisa: destrucción, sangre y trasgresión. Te doy una bofetada pero con una sonrisa, algo así.
La adaptación a la televisión no va a rebajar mucho su tono, por lo visto en su primer capítulo. Quizás más adelante, cuando la historia se desquicie y las cabezas reventadas sean cosa normal, se vayan diferenciando los caminos entre cómic y televisión. O no, nunca se sabe.

Buen estreno, con un episodio algo irregular pero que pone unos cimientos sólidos. Advertencia: si no estás al corriente del tono y temática de la serie, puede ser que cueste conectar con ella. Dadle una oportunidad.




Outcast (Cinemax, Fox en España) es una serie basada en un cómic de Robert The Walking dead Kirkman y que centra su atención en las posesiones. Editado en España por Planeta bajo la traducción de Paria, la adaptación nos llega a través de Cinemax, un canal filial de HBO donde podemos ver joyas como la ya finalizada Banshee (serie de ovación cerrada).



Es una historia 100%  de terror, donde Kyle Barnes (Patrick Fugit) debe enfrentarse a las posesiones que marcaron su vida, ya desde pequeño, aunque no se mueva de su casa, atormentado de por vida.
Al contrario que con Preacher, no he leído los cómics así que me centraré en su piloto televisivo.

Una cosa queda clara: el primer episodio funciona a la perfección en todos los sentidos. De manera aislada y con un poco de metraje extra, pasaría por una película. Es fácil que las cosas salgan bien cuando tu historia es sólida y atractiva y tienes detrás a una bestia como Adam Wingard a la dirección. Éste señor es el culpable de Tú eres el siguiente (You're next, 2011) y The guest (2014), dos peliculones ampliamente disfrutadas por el que suscribe. Ya desde la primera escena del capítulo vemos que el nivel es alto y no se desinfla en ningún momento de su hora de duración.



El tono, serio y oscuro, junto con algunas escenas lo suficientemente terroríficas para llamar la atención en televisión hacen de Outcast una serie a tener en cuenta en su primer vistazo. Luego habrá que ver cómo evoluciona la trama, aunque Kirkman ya avisó en alguna entrevista de que había iniciado la historia con el final en mente. Probablemente habría dicho lo mismo de The walking dead y mira como estamos...

Dos propuestas brillantes, por el momento, para disfrutar con la parte más oscura y demoniaca del verano.

miércoles, 1 de junio de 2016

La polilla en la casa del humo

Música recomendada para la lectura: Mad Max Fury Road OST





Hay libros que buscas, esperas, deseas incluso y tienes plena confianza en que te van a gustar, aunque te digan lo contrario, ya sea porque eres seguidor del autor o porque hay algo que te dice que es una apuesta segura. Hay otros que llegan casi sin querer, con algunas recomendaciones muy buenas y que encuentras en un viaje a Madrid. Lo ves en una mesa de una librería, medio escondido y recuerdas que lo tenías apuntado en una lista de "futuras lecturas". Te lanzas y te lo llevas, rendido ante su misteriosa portada y su trama.
Encontrarte con un libro como el de Guillem López es uno de esos casos raros donde terminas satisfecho y afortunado por habértela jugado.
Un triunfo, vamos.

La sinopsis oficial no puede ser mas tentadora: Bienvenidos al pozo, una caverna insondable con mil galerías y túneles, fortalezas pétreas cerca de la superficie y barrios profundos de nichos cavados en la roca. Este es el escenario, brutal y despiadado, en el que habita Veintiuno, un joven que pasa las horas envuelto en una nube de bok en la casa del humo, desde donde interpreta sus posibles destinos: entregar su cuerpo al dios de la mecánica y ser útil en una excavación sin fin, convertirse en un paria o, finalmente, ascender a través de los bajos fondos, pero deberá pagar un alto precio por medrar.

Con esa premisa y en apenas 176 páginas, Guillem López crea un universo nuevo, le da tres vueltas y nos deja una historia que mantiene la tensión hasta el final. No es tarea fácil; primero por la "corta" (entrecomillado, por supuesto) extensión de la novela, sobre todo para presentar un escenario con tantas ideas y segundo, por las posibles referencias que nos vienen a la cabeza y pueden influir en el disfrute de la obra.
El estilo del autor, directo, brutal y sin florituras, nos pone en conexión con la nueva generación de autores de género españoles, con Cañadas y Bueso, con la "élite" actual y sin perder en la comparación. Esa manera de narrar se une con la historia de una forma visceral, le da forma desde el interior, como los mecatactos presentados en el libro modifican sus cuerpos a partir de partes metálicas. Frases como disparos, a veces crueles, otras desagradables pero acertadas al máximo. Un ejercicio de estilo impecable.

El pozo, versión George Miller

Tanto elogio a su estilo quedaría vacío si el resto es una mierda. Afortunadamente, no es el caso. El universo que envuelve a la novela tiene reminiscencias a Mad Max (o como se puede leer en las referencias de la tapa a La fuga de Logan, en una analogía brillante) pero no centra su atención en Mel Gibson, Tom Hardy o quién interprete al guerrero de la carretera. En esta ocasión el foco se queda bajo tierra, en alguno de los poblados que Max deja atrás, entre la polvareda que levanta su V-8. En esa zona bajo tierra encontramos una civilización que malvive horadando el suelo, buscando minerales, envenenándose con cada respiración. Los cristales son la moneda de cambio, el sol no sale nunca ni hay información de si hay vida en la superficie; lo único que queda es excavar, encomendarse al dios de la mecánica y vivir lo suficiente para poder cambiar tus débiles partes humanas por poderosas herramientas mecánicas. En tal mundo, Veintiuno, demasiado joven para trabajar a destajo y mayor para ser considerado un niño, sueña con brillar, escapar de la horrible vida de su una familia, aunque sea entra las volutas de la casa de humo, su fumadero particular.
Veintiuno representa a la juventud, la inocencia cercenada por el sistema, el adolescente rebelde y soñador que se resiste a plegarse a las convenciones de la vida. Quítale el envoltorio post apocalíptico y podemos reconocer a Veintiuno en cualquier instituto, en cualquier barrio. Todo es mejor, obviamente, con su dosis de futuro pesimista. Imaginaos El guardián entre el centeno sin tanta trascendencia y envuelto con papel grasiento, sucio (esto último como tomadlo como elogio). Veintiuno se relaciona con lo peor de un mundo que ya en si mismo es lo peor: deshumanizado, desensibilizado, sin opciones viables de supervivencia. Envidia a los locos por vivir sin responsabilidad, anhela la vida de esbirro de la mafia por su poder y es feliz entre los colgados de la casa de humo.
Entre tanto apocalipsis se esconde una visión terriblemente cercana al mundo en el que vivimos, exagerado pero reconocible, con un sociedad estratificada donde las basuras de los de arriba bañan a los de abajo, donde se glorifica la violencia y el poder, sin importar de donde venga y hacia quién se dirige.

La novela es brillante aunque se le pueden reprochar un par de peros. El arranque es apabullante, devoras páginas sin parar, hasta que llega un punto en el que parece que la historia se estanca, se vuelve recurrente aunque sea un espejismo. El otro punto oscuro quizás sea que un mundo tan bien recreado, con tantos callejones oscuros, requiere mas de 180 páginas para saborear su acidez. Ojalá volvamos a ese pozo.

La polilla en la casa del humo (Aristas Martínez, 2016) es una joya, uno de esos libros a recomendar a todas las amistades (y a enemigos, también). Literatura de alto voltaje salida de callejones oscuros. Uno de los imperdibles de 2016 y Guillem López, uno de los autores a seguir muy de cerca.

¡Sed testigos!