Reseñas

lunes, 22 de agosto de 2016

Alcatraz contra los bibliotecarios malvados - Brandon Sanderson / Ediciones B (B de Blok)



Alcatraz contra los bibliotecarios malvados, además de tener uno de los títulos más molones que se nos pueda ocurrir, supone el aterrizaje de Brandon Sanderson en la literatura juvenil, después (o antes, atendiendo a la fecha de escritura) de su incursión en la literatura para jóvenes adultos que supuso Steelheart y la saga de los Reckoners. El primer volumen de las aventuras de Alcatraz es pura aventura y diversión, tengas la edad que tengas, pero como bien se encarga de recordar el autor en cada capítulo, Sanderson no es un tipo de fiar. Nos vuelve a engañar, ofreciéndonos un precocinado de los suyos, pero no es cuestión de quejarse: es de los mejores en su oficio y se nota.

Vamos por partes.

Portada de la edición española.

jueves, 11 de agosto de 2016

Dark Water - Koji Suzuki / Satori Ediciones



Excelente portada de la edición española.


Dark water es la recopilación de historias cortas de Koji Suzuki, autor japonés especializado en terror y autor de The ring, entre otras obras, famosa por sus adaptaciones cinematográficas. El libro, editado en España por Satori, nos lleva a un tenebroso paseo por zonas acuáticas, que intenta bucear en las partes más oscuras de la psique y comportamiento humano. Voy a abusar de las metáforas acuáticas, como podéis comprobar; es lo que toca. Lo siento.

Resulta imprescindible señalar que Dark water no es un libro recomendable para todo tipo de lectores. Los relatos son cortos pero ese aspecto no influye a la hora de que sean simples o que sus ideas tengan poco recorrido. El estilo de Suzuki hace que cada relato se construya poco a poco, con mucha descripción tanto de entorno como de sensaciones, influyendo a la hora de crear un terror psicológico, de lenta aparición, pero de poso amargo. Un descenso lento por aguas frías y profundas. Ahí reside, quizás, la clave de que el libro os pueda o no convencer. Sus historias requieren un trabajo de fondo, donde nos tenemos que dejar batir por el oleaje y que el autor nos lleve al punto que él desea. Esa condición, unida al estilo de la narrativa, supone una barrera que puede ser definitiva a la hora de acercaros al libro. No ha sido mi caso y Dark water me ha convencido, a pesar de ese posible hándicap.

Otra de las características principales del libro es su temática cerrada en un elemento: el agua. Parece increíble la diversidad temática que puede surgir de un mismo elemento. Desde depósitos de agua en edificios de viviendas a islas artificiales creadas por el ejército japonés en la Segunda Guerra Mundial, pasando por cuevas desconocidas con acuíferos subterráneos sin salida; todo es válido para que Suzuki nos sumerja en las zonas oscuras de la condición humana. Las atmósferas elegidas son asfixiantes, pegajosas, casi puedes sentir la humedad calándote hasta los huesos y de esa misma manera, como si fuese un goteo lento, el desasosiego se instala en el lector a medida que el relato de turno avanza.

Suzuki es conocido, sobre todo en Occidente, por ser el artífice de The ring y secuelas, pero como indica Jesús Palacios en la brillante lectura que cierra el libro, es uno de los afortunados elegidos con el título de “El Stephen King de…” (sustituyan los puntos suspensivos por la zona del mundo en cuestión). En esta ocasión y a pesar de que soy un lector constante del maestro del terror, flaco favor se le hace a Suzuki con esa comparación. Los estilos son diferentes, quizás unidos por un exceso en las descripciones, pero el escritor japonés siempre busca el horror en el interior de las personas, en los comportamientos y actitudes de sus personajes. Al saber que The ring es obra suya podemos caer en el error de imaginarnos relatos oscuros llenos de niñas de colores grisáceos y pelos largos por la cara o fantasmas que atemorizan a los protagonistas; relatos llenos de giros sobrenaturales, influenciados por la potencia de las adaptaciones cinematográficas. Nada más lejos de la realidad. Dark water basa su capacidad de incomodar en el comportamiento humano, en madres controladoras, crueles bromas que van más allá, problemas domésticos y padres que quiere dejan un último mensaje a su hijo. No veremos muchos entes sobrenaturales surcando las páginas de Dark water, el asombro viene de lo retorcido del comportamiento humano. No hay que tomar esto como un punto en contra del libro, los relatos funcionan igual de bien y consiguen su objetivo: inquietar.

El medio ambiente de las historias es el mismo, el agua, pero su carácter no puede ser más distinto.

El libro se abre con un pequeño prólogo, donde una abuela y su nieto pasean por la orilla del mar, buscando objetos arrojados por la marea y contando historias. En apenas tres páginas, Suzuki nos ambienta en su mundo y nos mete de lleno en él en un arranque de oro para el libro. 
Agua que se agita es el primer relato y el más reconocible de la colección ya que contó con dos adaptaciones cinematográficas, una japonesa a cargo de Hideo Nakata en 2002 y la inevitable norteamericana en 2005 con Jennifer Connelly como protagonista, compartiendo título que precisamente es el mismo que utiliza el libro, Dark water. Esta historia de una madre controladora y su hija entra dentro de las más sobrenaturales del libro y es un excelente ejemplo del estilo de Suzuki: a pesar del supuesto terror sobrenatural que podría llenar el relato, el auténtico pesar viene por las implicaciones de las acciones humanas. Si éste no os convence, poco más puede aportar el libro para que cambiéis de idea. 
Isla solitaria es uno de mis preferidos y el que más me enterró en el barro malvado que nos propone el autor. Una historia ambientada en una de las islas Daiba, zonas artificiales creadas para instalar baterías de defensa, y que eleva la maldad y el egoísmo humano a otro nivel, explotando la idea principal más allá de lo que resulta común. Brillante. 

El agujero se va construyendo poco a poco, sobre un cimiento sólido de estructura clásica (muy Poe, como indica Palacios en su escrito al final del libro) y giro final. En este caso el terror viene marcado por la convivencia diaria de una pareja y sus consecuencias. Vuelta al horror de lo cotidiano. Un crucero de ensueño puede englobarse dentro de los relatos de corte sobrenatural, aunque los fenómenos inexplicables funcionen más como argucia que como parte trascendental del relato. Esta crítica a las clases sociales, a la relación entre ricos y pobres o al extremo desapego de la burguesía nos lleva a un crucero de lujo por alta mar hasta que la nave se detiene sin motivo aparente… y aparece lo extraño. El barco a la deriva puede resultar similar, pero conecta con la parte ecológica de los medios marinos en una narración que mantiene la intriga hasta el final.

La acuarela es el relato más arriesgado de la colección. Un juego metanarrativo que sale bien, convence y juega con la trama y por extensión con el lector, hasta el final. Un ejercicio de estilo y de inventiva que brilla en el conjunto del libro. 

El bosque en el fondo del mar es el relato clásico y que se encuentra más alejado del terror. Una narración entre la aventura y el drama, claustrofóbico y que enlaza con el Epílogo que arroja algo de luz en la oscuridad de la obra. Una historia sobre la responsabilidad de ser padre y el peso de las situaciones extremas.

El libro, en la edición española de Satori, incluye un breve ensayo de Jesús Palacios, Puente sobre aguas turbulentas: Koji Suzuki y Dark water, que ahonda sobre la obra del autor y los relatos incluidos en la recopilación. Un muy buen añadido por uno de los mayores expertos en el género de nuestro país y que hace que apreciemos un poco más lo que acabamos de leer. La edición de Satori cuenta con una excelente portada, una muy buena traducción con algunas notas al pie que siempre nos aclaran aspectos sobre la cultura japonesa que nos resultan extraños y el broche de oro con el añadido de Jesús Palacios. Nada que añadir, un gran trabajo de la editorial asturiana a la que no puedo más que recomendaros que tengáis en cuenta a la hora de buscar lecturas interesantes. 

Dark water nos arrastra a pozos profundos, siempre con el agua al cuello, aunque nos encontremos en la relativa seguridad de nuestro sofá con el libro en las manos. Después de beber en él nos queda un poso oscuro, un regusto amargo. No es un libro accesible para todo tipo de lectores ni para nadie que no quiere ver interrumpida su paz con la oscura versión de los actos humanos. Koji Suzuki es un escritor de ideas potentes y malvadas, capaz de convertir un plácido paseo en yate, una tarde de espeleología o una expedición en algo oscuro, malsano. Desasosiego sería el término adecuado. A mí me ha convencido y he tardado en quitarme esa molesta humedad de encima. Dadle una oportunidad.

viernes, 5 de agosto de 2016

Los misterios de la gata Holmes - Jiro Akagawa / Editorial Quaterni





Los gatos son unos animales excepcionales. Más allá de la eterna duda entre perros y gatos, si hubiese que elegir un animal que cumpliese como detective, los felinos se llevarían el gato al agua (ja-ja-ja), dejando de lado al típico sabueso estilo Sherlock. Su inquieta inteligencia, la capacidad de atención, el poder pasar desapercibidos si lo desean… esos son sus poderes de base. Holmes, la protagonista felina del libro, no podría ser menos. La gatita calicó (de las típicas de tres colores, vamos) resulta ser una gran detective, con una capacidad de deducción y de comunicación increíble. Sobre todo, teniendo en cuenta que su compañero no es otro que Katayama, un joven detective de la policía japonesa, apodado princesita por sus compañeros y un auténtico desastre en casi todo lo que se propone.

Con estos mimbres y situada en un contexto de novela de detectives clásica, la primera entrega de la colección de novelas de la gata Holmes no solo sirve para introducir a los personajes, sino que presenta un caso con varias ramificaciones, de difícil resolución. Y no tan infantil o blanco como pueda parecer. Pero vayamos por partes, como buenos investigadores.

Los misterios de la gata Holmes de Jiro Akagawa es la primera novela de la amplia saga de la gata detective, que goza de muchísima fama en Japón, con serie de tv incluida, tal y como se reseña en la fantástica introducción con la que cuenta la edición en castellano de Quaterni. Arrancó en 1978 y sigue vigente hoy en día, con 50 novelas a sus espaldas. Casi nada.

Promo de la serie de tv japonesa.



Como es característico de este tipo de novelas, la premisa principal es bastante directa: una chica aparece brutalmente asesinada y su muerte se relaciona con una prestigiosa academia femenina y una red de prostitución conformada por alumnas del mismo centro. Un escandalazo, vamos. El detective Katayama, con toda su inocencia y su despiste innato, se hace cargo del caso, a pesar de que acercarse a las mujeres no es lo suyo… En todo buen policiaco (al igual que en cualquier buen capítulo de Los Simpsons) la investigación inicial se complica, se ramifica, dando lugar a nuevos asesinatos e incluso una muerte en una habitación cerrada por dentro, las favoritas de Katayama.

Los misterios de la gata Holmes es un libro devorapáginas, uno de esos casos en los que avanzas hacia la conclusión de sus 260 páginas casi en un suspiro. Un libro muy entretenido, vibrante, divertido y fácil de leer, quizás demasiado fácil de leer (si es que eso existe, o se admite como piropo). El estilo de Akagawa resulta clave para ello: sencillo (no confundir con simple), con mucho diálogo, la cantidad justa de descripción y un ansia por avanzar de manera constante en la historia, casi sin pararse a contemplar las situaciones o en ahondar en detalles. Este aspecto, que podría verse como un algo negativo, aporta al conjunto de la novela una sencillez y un buen hacer que le sienta como un guante. Fuera pretensiones, puro y duro entretenimiento. Y con gatitos. La historia detectivesca funciona, los personajes principales cumplen y además, hay un par de claves más: la crudeza y realidad de los asesinatos y un finísimo sentido del humor que abarca toda la novela, desde su arranque hasta el final, a pesar de que en determinados momentos la trama se oscurezca un poco.

Akagawa enseñando dónde hay que dejarle los yenes.



La pareja protagonista, 50% humana 50% gatuna, es otro de los atractivos del libro. La presencia de un gato detective no debe crear reparos a la hora de leer ya que en ningún momento la trama o las apariciones de Holmes resultan infantiles ni demasiado increíbles para el desarrollo (partiendo de la base de que el libro trata sobre una gata con inclinaciones detectivescas, claro). El auténtico detective de la historia es Katayama, el ejemplo viviente del típico personaje japonés tímido, patán y casi arrollado por la vida. Vive con su hermana, sin pareja a pesar de estar cercano a la treintena (pecado mortal en el Japón más tradicional) y trabaja en la policía como detective gracias a su mentor (tanto laboral como personal), el superintendente Mitamura. Katayama se marea con la sangre, se vuelve tímido con la presencia de las mujeres, duerme en el trabajo, es olvidadizo… pero cuando se motiva, un ligero brillo de atención se activa en su mente. Resulta imposible que no te caiga bien, aunque pueda llegar a desesperar un poco. Tiene, incluso, una especie de progresión como personaje, a pesar de lo corto de la novela. No se le puede pedir más (bueno, que espabile, pero esa es otra historia…).

Si Katayama es la parte humana de la pareja protagonista, Holmes, la gatita calicó, es la felina, aunque a ratos resulte más humana que su pareja. Holmes es la gata del decano Morisaki, amigo de Mitamura y el primero que levanta el escándalo de la red de prostitución universitaria. La gata tiene total libertad para moverse por la academia y fijarse en todo lo que ocurre, pero además posee una capacidad de razonamiento y de comunicación fuera de lo normal. Ya se nos presenta como un personaje de pleno derecho a las pocas páginas de iniciarse la novela y en ningún momento se entra en el terreno de lo ridículo o lo infantil. Como decía anteriormente, el mayor obstáculo a vencer por la novela es que trata sobre una gata que ayuda a resolver casos, pero no cae en la exageración fácil. Holmes es muy lista, escoge entre amigos y enemigos y ayuda a Katayama a centrarse en pistas imposibles, pero nada más.

La gatita calicó televisiva. Un amor.


La novela, además de tener un inicio potente (en las primeras páginas ya hay un brutal asesinato) no baja la intensidad en ningún momento, con momentos de relax cómico y muertes bastante brutales. Es una novela muy recomendable para dejarse llevar y disfrutar, tanto de la trama policiaca como de la visión de la sociedad japonesa de finales de los 70, con notas al pie aclarando algunos aspectos, aunque en algunos momentos se abusa de ellas. La edición de Quaterni es muy buena, flexible, ligera, con una introducción excelente sobre el autor y su extensa obra, aunque la traducción flojea en algunos momentos con expresiones raras y diálogos con continuidad extraña, pero sin lastrar demasiado la lectura. La resolución del caso, que es a lo que todos queremos llegar al empezar, se sostiene, sin ser nada demasiado espectacular ni recurrir a artificios extraños. Un excelente añadido a la colección de grandes detectives que tiene abierta la editorial y que nos acerca títulos poco conocidos por nuestro país.

Los misterios de la gata Holmes es una presentación excepcional para una serie de personajes que funcionan a la perfección y que mantiene el nivel durante toda la lectura. Ágil, rápido, divertido y que crea adicción, es un libro muy recomendable para leérselo del tirón y esperar por la siguiente entrega, a finales de año probablemente. A mí ya me han convencido para repetir.