Reseñas

martes, 24 de mayo de 2022

Reseña de "Nos devoró la niebla" - Marina Tena Tena / Insólita Editorial

Insólita Editorial sigue apostando por la narrativa de Marina Tena Tena, después de la buena acogida de "Brujas de arena" del año pasado.
La autora nos lleva, en esta ocasión, a un recóndito pueblo de la geografía española en la década de los 90, para construir una historia de terror, con folclore propio (y muy reconocible) y una excelente ambientación.
Cuidaos de la niebla y de esa extraña melodía que surge del bosque... 


El argumento. 

Claudia ha vivido siempre en Fresneda, un pueblo donde la gente a veces desaparece, las antiguas leyendas se resisten a morir y nadie habla de la maldición que consume a sus habitantes.
Esa maldición pesa con más fuerza sobre Claudia, la única superviviente del grupo de veinticinco niños que salió de excursión y se desvaneció en la niebla. Claudia no solo perdió a sus compañeros, también a su hermana gemela, que viajaba en ese autobús. Pero si realmente desapareció, ¿por qué sigue sintiendo su presencia?

El monótono transcurrir de los días se rompe cuando se instala en el pueblo una familia nueva con una chica de la edad de Claudia, de sonrisa tan afilada como sus palabras. Conocerla la obligará a conocerse a sí misma y a buscar respuesta a algunas preguntas que nunca se había atrevido a plantear. Como por qué algunos muertos necesitan enterrar a sus seres queridos.


Estilo y ambiente. 

"Nos devoró la niebla" es, en parte, una novela de terror que juega con un elemento ambiental muy importante.
Fresneda, ese pueblo alejado con una leyenda negra, el bosque y su niebla, la noche y sus sonidos... 
Marina Tena utiliza todos los elementos a su alcance para comenzar a construir la historia con una importante carga estética. Y lo consigue, apoyada en una narrativa que juega a su favor y con unas frases que evocan sentimientos.

Fresneda es un pueblo vivo, gracias al excelente trabajo de la autora, pero muerto en la novela. Muerto en vida; el perfecto zombie. Una localidad rural, de las que hay miles a lo largo de España, pequeñas, controladas y con unos rituales propios particulares, al ser sacudida por la tragedia.
Y ya sabéis el dicho Kingniano: "Pueblo pequeño, infierno grande".
Además, Fresneda sirve como ejemplo de lugar parado en el tiempo: un pueblo en el que sucedió una tragedia tan grande que deja una cicatriz invisible, tanto en el lugar como en sus habitantes.

Desde el principio conocemos las raíces de la tragedia y de primera mano, ya que la narración del relato es en primera persona. Claudia tendría que haber ido en el autobús escolar que el bosque se llevó, al igual que Candela, su hermana, y todos los niños del pueblo. Desaparecieron y una generación entera se perdió, pérdida concentrada en Claudia, la chica que está en el pueblo pero que debería estar con el Silbador, acallando su hambre y su melodía.
Claudia vive sin vivir: invisible para todo lo bueno pero tan presente como una mancha en un folio en blanco, para que todos admiren el error. La llegada de una nueva familia va a hacer que Claudia recupere esperanzas, rompa el muro que han generado a su alrededor y descubra que hay vida más allá de Fresneda.

Hay muchos temas enredados en las raíces de "Nos devoró la niebla": el poder de la cultura rural, las normas no escritas que rigen el día a día de los pueblos pequeños, otros elementos muy cercanos al coming of age, al despertar cultural, social y afectivo sexual de Claudia, etc.
Fresneda, pueblo con vida propia y normas propias, que fagocita a sus habitantes, hace que la vida dentro de sus muros tenga unas leyes que no se comprenden fuera de sus límites.
Marina Tena utiliza su mejor arma para construir el armazón de la historia: una narrativa fluida, rica en simbolismos, que sabe poner nombres a los sentimientos y dar forma a las sombras de Fresneda. Una mezcla de realidad, terror, introspección y sueño neblinoso. 
Y eso no es poca cosa.

No le he dicho nunca que no termino ninguno de mis libros. Los dejo cuando aún me faltan tres o cuatro capítulos y me imagino el final que me parezca más adecuado. En todos los que invento, los protagonistas tienen un final tan dulce que sé que ningún escritor me concedería algo así de bueno. Dejo que esos personajes que me han acompañado tanto tiempo tengan todo lo que quieren.

En la vida real todas las historias acaban en muerte si las alargas lo suficiente.

 
"Nos devoró la niebla" es una novela tremendamente bien escrita, con un folclore propio (no os voy a destripar nada pero la leyenda del Silbador es una delicia) y una duración muy ajustada pero eso no evita que me hayan surgido algunos problemas durante la lectura.
El principal escollo, según mi experiencia, es la diferencia entre su primera parte y el tramo final (si es que existe tal diferencia).
El arranque de la novela es sublime, cargado de una aparente sencillez y una conexión inmediata con la protagonista, envuelto en una niebla terrorífica.
Según avanza la lectura, ese efecto se va diluyendo y cae en zonas más reconocibles por las mentes afines al género. Está muy bien escrito, eso es indudable, pero termina recorriendo terrenos bastante conocidos. No le quita mérito, faltaría más, pero pierde parte de su efecto sorpresa.
Otro elemento importante es su marco temporal, situado en los 90. A su favor juega el que la autora no se ha dejado llevar por la nostalgia facilona pero tampoco resulta un elemento definitorio de la obra. 

"Nos devoró la niebla", pese a sus altibajos, es la confirmación de que Marina Tena Tena es una de las autoras de género a tener en cuenta en el panorama nacional. Una novela cargada de cultura popular (y rural), una ambientación excelente y una narración llena de sentimiento, con la dosis justa de nostalgia. 

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