Reseñas

miércoles, 1 de febrero de 2023

"Érase un río" - Bonnie Jo Campbell / Dirty Works

Debí de terminar la lectura de "Érase un río" con una cara de satisfacción alucinante. 
Ese es el efecto de las aventuras de Margo Crane por el río Kalamazoo, en Michigan, y alrededores y la increíble prosa de Bonnie Jo Campbell.
No suelo leer libros que me afecten así, que me pase días y semanas pensando en él, pensando en Margo, preguntándome si sigue bien, navegando por el río.
"Érase un río" es una lectura absolutamente esencial. 
Un joya que fluye río arriba, contracorriente.


Título: "Érase un río"
Autora: Bonnie Jo Campbell
Editorial: Dirty Works, 2019
Traducción: Tomás Cobos
Páginas: 352
Tapa blanda con solapas

Tras la muerte violenta de su padre, Margo Crane, de dieciséis años, con una escopeta Marlin, unos cuantos víveres y una vieja biografía de Annie Oakley, remonta el río Stark en busca de su madre. Pero el río ya no es el animado paraíso fluvial de su infancia. Ahora es un lugar peligroso. Un lugar habitado por matones, barqueros ebrios, traficantes de metanfetamina y tramperos tristes y solitarios. Chacales y basura a la deriva. Y todos fantasean con domarla. Pero ella no quiere ser la razón para vivir de nadie. No es la niña loba, ni la asesina, ni la esposa ideal con la que todos sueñan. Solo es una chica que necesita unas cerillas, un perro y un poco de gasolina para su motor fueraborda.
 
Podría contaros mil y una maravillas sobre el libro, sus parajes y personajes y la increíble forma de escribir de Bonnie Jo Campbell.
Pero no, quizás más adelante: ahora soy yo quien os va a contar una historia.

La historia tiene como protagonista a una gata. Una gata perdida, de tres colores, lista como el hambre, que terminó eligiendo vivir cerca de nosotros. La casa familiar de mis suegros está en una zona rural, con una carretera regional cerca. 
Y, para los que nos gustan los animales, ya sabemos lo que eso significa: gatos y perros abandonados. 
Los hay, muchos, porque la gente no tiene corazón ni remordimientos ni conciencia ni nada. La mayoría deambulan y, en apenas unas horas, son víctimas de conductores que, bien por despiste o bien por jugar un rato, pasan por encima de ellos sin mayor miramiento. Ni un frenazo ni una mirada atrás. 
Pero otros, más bien otras, sobreviven. 
Aprenden los trucos, las normas no escritas y luchan por su supervivencia. 
Y esta gata, aprendió.

El animal que hace reseñas y Colorines.

Tres colores, calicó. 
El nombre estaba claro: Colorines
Empezó a dejarse ver a lo lejos, una mancha paticorta, por las praderas, observando. Nosotros la veíamos, la llamábamos, pero no obteníamos ninguna respuesta por su parte.  
Mientras tanto, ella, observaba.
Miraba, aprendía nuestras rutinas.
Hasta que un día comenzó acercarse. Un paseo rápido por nuestra propiedad, un ataque rápido a un puñado de pienso que le dejábamos y después, se sentaba a mirar desde una enorme distancia.
Esa distancia fue menguando, poco a poco, hasta volverse casi inexistente. El límite de dejarse tocar fue otra cosa: ni una caricia ni nada. 
"No me toques, déjame en paz." 
Ella puso sus límites, sus tiempos y necesidades. Y nosotros la respetamos. 
Buscaba cobijo pero prefería mojarse, estar libre, cazar y correr aunque aprendió que, si necesitaba comida, ahí la tenía.

Un día la vimos anormalmente delgada. Decidimos cogerla y desparasitarla, aunque tuviésemos que hacerlo con unos guantes de varias capas. 
Lo hicimos, la desparasitamos y en poco tiempo, mejoró. Desde aquel momento se volvió más cercana, llegando a entrar en casa.
Siempre con un cuidado milimétrico, observando cada rincón, cada posible amenaza.
Hasta que un día, desapareció.

Llegamos a la conclusión de que algo fatal le habría pasado. 
Como a tantas. 
Un espíritu libre tirado en una cuneta.
Se hizo de rogar, como los buenos milagros y al cabo de casi un mes, apareció. 
Y apareció con un regalo: estaba preñada. Buscó cobijo cerca, la alimentamos bien y otro buen día, desapareció. Reapareció a los dos o tres días, comió y se fue. Lo teníamos claro, había parido. Volvimos a verla, al cabo de un par de semanas, con algo en la boca, corriendo por la pradera hasta nuestra casa. Teníamos cuatro gatitos en el felpudo. Colorines había elegido que ése iba a ser el lugar más seguro para sus gatos. Y los metió dentro de casa, en un lugar elegido por ella. 
Los cuatro salieron adelante, cuatro machos.
Y la feliz madre estaba cada vez más tiempo dentro de casa, acostada, subiéndose a nuestro cuello.

Meses después apareció otro gato. Enorme. Lleno de pelo largo, naranja y blanco. No era de nadie, nadie lo buscaba. 
Otra alma libre. 
Se acercó, buscando comida, pero con sus límites y normas, dentro de una temerosa dócil dominancia.
Nunca he visto a un animal enamorarse de otro, pero Colorines se enamoró de él. Le seguía, se tiraba delante suyo, llamándole. Había decidido que aquél gato era suyo. 
El resto, os lo podéis imaginar. Desapariciones, un trágico accidente en la carretera que terminó con el gato y una llamada desesperada a la puerta meses después. Colorines nos había dejado seis gatos más, seis cachorros, seis machos. Diez gatos en menos de un año.

Ella vive según sus normas, su instinto. Puede pasarse días dentro de casa como desaparecer varias jornadas, puede llamar a la puerta, arrastrando el felpudo, para traerle algún ratón de campo o pájaro a sus gatitos y sentarse en medio de la pradera bajo la lluvia, mirando al cielo.
Hace lo que quiere, es libre y siempre lo será, pero agradece la ayuda, los mimos y la comida.

¿Recordáis que esto es una reseña, no?
Leyendo "Érase un río", siguiendo los pasos de Margo, no podía quitarme a Colorines de la cabeza. Margo y la gata se comportan igual, dos supervivientes en un mundo que no se ajusta a ellas. Margo debe aprender a navegar por el río al igual que la gata tuvo que aprender a ir por la carretera, buscando las paradas, sin fiarse de nadie. Ellas deciden quién, cómo y cuándo; todos los términos dependen de sus intenciones. 
No hay nada más.

Mientras recorría una curva cerrada, se acordó de que su abuelo decía que esos recodos del río eran solo temporales, que, con el tiempo, cuando pasaran miles de años, el río corregiría su curso para tomar el camino más directo, por muchas casas que hubiera construido la gente en medio, por muchos muros de contención o barreras de hormigón que le pusieran, por muchas escolleras que levantaran. El río perseveraba, según el abuelo, y al final la gente tendría que rendirse. En aquel momento, Margo resolvió no rendirse en su intento de domar al río. Sin embargo, ahora cayó en la cuenta de que era posible que el abuelo estuviera hablando de su propia casa, el caserío de los Murray, que acabaría engullido por el río. Era posible que lo que estuviese diciendo era que los Murray no serían siempre los reyes del río. Era probable que lo que a Margo le había parecido eterno, el paraíso fluvial de los Murray, fuera transitorio a los ojos del hombre que lo había creado.

Resulta difícil hablar sobre "Érase un río". ¿Cómo hablas de un libro en el que parece que no pasa nada mientras está pasando todo
Margo Crane, el Kalamazoo y sus afluentes, una maravillosa barca familiar y la puñetera realidad. 
Esa realidad, tan norteamericana profunda como adaptable a cualquier entorno, marca el libro.
Después de un incidente familiar que termina con la muerte de su padre, Margo decide irse de su terreno para buscar su lugar mientras intenta ponerse en contacto con su madre, desaparecida. En su camino por el río irá haciendo paradas, encontrándose con gente, superando escollos y creando una indestructible personalidad propia.

Margo Crane es la protagonista absoluta y es un personaje impresionante, inolvidable. Margo es una mujer obligada a crecer muy pronto, añora la vida que tenía cuando era pequeña pero mira al presente y al futuro a los ojos, sin miedo. Margo es una joven callada pero no necesita hablar: todo está a la vista de quien lo quiera ver. Mata ciervos con una puntería y destreza inigualable, descontrolada, intentando canalizar esa violencia, ese odio ante una sociedad injusta y vive persiguiendo esa utopía, inalcanzable, que es su madre.

Margo es EL PERSONAJE y el libro se centra en varios años, a finales de la década de los 70, deambulando por el río. 
En esos viajes, idas y venidas, Margo se va a encontrar con varios hombres, hombres en distintas fases vitales: jóvenes, adultos, de mediana edad, hasta ancianos. Margo va a sacar ciertas conclusiones de sus relaciones con ellos, fortaleciendo su propia personalidad. 
Ella viene de un entorno difícil, con comportamientos complicados y una distancia emocional enorme. Tiene familia pero sin serlo, no reprime ningún sentimiento y llega un punto en que solo se tiene a sí misma. Margo no flaquea, coge lo que necesita cuando lo necesita y de ahí surge un personaje maravilloso. Testaruda como un carcayú, dura como un canto rodado del río, adaptable como el agua. Un reflejo creado a imagen y semejanza de su propio ídolo, Annie Oakley, la joven tiradora de Buffalo Bill.

Margo es, como decía, el personaje pero la naturaleza, entorno y el río Kalamazoo y afluentes, son otra parte fundamental. Un escenario que condiciona la forma de vivir, de relacionarse con la naturaleza, los animales y las propias personas que viven ahí. No son urbanitas ni gente sencilla, son personas duras, a veces fuera de la sociedad, de lo ¿normal? pero existen en el mismo mundo en el que hay tantas personas que pagan, por ejemplo, dos dígitos por un mal café. 
Y menos mal, demos gracias. 
Su relación con la naturaleza, con la vida, la muerte y las necesidades humanas marcan otra parte de la personalidad de la novela.

Si conocías todos los detalles de una persona, si analizabas su cara de piel rosada y barba blanca varias horas al día, si conocías la sensación de su pelo suave y de su piel al tocarle, si escuchabas todas las palabras que pronunciaba un hombre, sus verdades y sus mentiras, entonces era inevitable quererle. Y es posible que querer a una persona nueva atenuara el dolor de haber perdido a las personas a las que habías querido
antes, aunque no ocurriera tan rápido como hubieras deseado.


Ojo, me pongo de pie: Bonnie Jo Campbell es una escritora absolutamente impecable. La forma de describir los paisajes, ese retrato a medio camino entre lo naturalista y la psicología, los diálogos y la forma de construir la novela, casi por etapas. Campbell te agarra de las orejas y del corazón bien fuerte, sin soltar hasta el final. Una narradora llena de oficio y buen hacer, una escritora que me parece inalcanzable. 
Impresionante.

Hoy estoy por hacer confesiones, así que ahí va otra historia. 
Cuando era pequeño uno de mis libros favoritos era Tom Sawyer. Me fascinaba una edición ilustrada que tenía: desde Tom pintando la valla hasta el resto de sus aventuras, pero mis momentos favoritos era cuando salía Huckleberry Finn
Todo el rollo del cementerio y la búsqueda de Joe El Indio
Después descubrí que Huckleberry tenía su propio libro y me lancé a leerlo. Puede ser que fuese demasiado joven pero "Las aventuras de Huckleberry Finn" me quedó un poco grande, quizás Twain había escondido demasiados mensajes para un niño tan pequeño.
Leer "Érase un río" me llevó a esos viajes por el Mississippi pero en un momento vital en el que conecto absolutamente con la novela. 
Todo en "Érase un río" me funciona, me llega y me deja un mensaje imborrable.

Bonnie Jo Campbell escribe como una auténtica diosa de las letras. Lees la novela pero la sensación que te queda es que te la ha relatado directamente a ti, al oído. 
Ésa es la cercanía.

"Érase un río" cuenta con una adaptación en forma de película y Dirty Works publicó, a finales del año pasado, "Q road", una secuela directa. Después de terminar "Érase un río" tardé un par de semanas en encargar "Q road" (acompañado del "Joe" de Larry Brown), el tiempo justo para darme cuenta que Margo no salía de mi cabeza.

"Érase un río" tiene a la mejor protagonista posible, una Margo Crane viva, cuya existencia no se limita al puñado de páginas del libro. Margo Crane sigue viva en mi mundo (con forma de humano o de gata), a la orilla de cualquier río, pescando y viviendo su vida según sus normas, que no deben ser las mismas de la estúpida sociedad en la que vivimos encerrados los demás. 

Tampoco puedo dejar de agradecer a Dirty Works la publicación de libros así. Un espejo claro a otras realidades, que quizás te demuestren que es posible vivir según tus normas. La edición, impecable, y cuenta con la titánica traducción de Tomás Cobos.

Ya sabéis lo que significa, si habéis visto más reseñas: imprescindible.

"Érase un río" es una novela eterna. Un discurrir por un río en el que parece que no pasa nada pero pasa todo. Un río que es la vida y un personaje como Margo, que parece que no tiene nada pero en su interior lo tiene todo.
Bonnie Jo Campbell construye una obra perfecta, de esas que te llegan, que se quedan a vivir contigo.
La felicidad de leer un buen libro, esa es la sensación. 
Esa es mi sonrisa.

Gótico americano / "Winter's bone" (2010) / Trilogía de los pantanos - Daniel Woodrell, Sajalín
 

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