El espacio, la última frontera.
Por lo menos, para mi.
Me gustan las cosas espaciales en cualquier ámbito (película, videojuegos, etc.) siempre y cuando la ciencia y tecnología se mantengan controladas en comparación con el resto de la historia, al igual que el desarrollo del mundo.
Vamos, que se pueden flipar lo que quieran siempre y cuando no me suelten un montón de información técnica sobre motores, energías o, no sé, viajes cuánticos.
Ya me entendéis.
Así que soy una persona mucho más cercana a la space opera que a la ciencia ficción pura y dura. Dame acción, drama, intrigas palaciegas y extraños seres que moran unas galaxias en eterno conflicto.
El imperio del silencio, primera entrega del Devorador de soles, heptalogía de Christopher Ruocchio, como ya podréis adivinar, se acerca más al concepto de movida espacial que me gusta.
700 páginas iniciales, que sirven para comenzar a dar forma a la ambiciosa saga de Ruocchio y que, ya os adelanto, me han convencido, más por su buen hacer que por otros detalles.