El espacio, la última frontera.
Por lo menos, para mi.
Me gustan las cosas espaciales en cualquier ámbito (película, videojuegos, etc.) siempre y cuando la ciencia y tecnología se mantengan controladas en comparación con el resto de la historia, al igual que el desarrollo del mundo.
Vamos, que se pueden flipar lo que quieran siempre y cuando no me suelten un montón de información técnica sobre motores, energías o, no sé, viajes cuánticos.
Ya me entendéis.
Así que soy una persona mucho más cercana a la space opera que a la ciencia ficción pura y dura. Dame acción, drama, intrigas palaciegas y extraños seres que moran unas galaxias en eterno conflicto.
El imperio del silencio, primera entrega del Devorador de soles, heptalogía de Christopher Ruocchio, como ya podréis adivinar, se acerca más al concepto de movida espacial que me gusta.
700 páginas iniciales, que sirven para comenzar a dar forma a la ambiciosa saga de Ruocchio y que, ya os adelanto, me han convencido, más por su buen hacer que por otros detalles.
Título: El imperio del silencio / Empire of silence (Sun eater, 1)
Autor: Christoper Ruocchio
Editorial: Oz Editorial, 2026
Traducción: Claudia Casanova
Páginas: 768
Un hombre contra un imperio.
Una leyenda escrita con sangre.
Huyendo de un destino impuesto —el de verdugo al servicio de su padre—, Hadrian Marlowe acabará varado en un mundo perdido en los márgenes del Imperio. Allí, obligado a luchar como gladiador y a sobrevivir entre las intrigas de una corte alienígena, se verá arrastrado a una guerra que no empezó, en nombre de un Imperio que no respeta, contra un enemigo que quizá jamás llegue a comprender.
En el planeta equivocado, en el momento justo y por las razones más nobles, Hadrian emprende un camino que terminará en sangre. La galaxia lo recuerda como un héroe: el hombre que borró del cielo al último de los cielcin. Otros lo recuerdan como un monstruo: el demonio que destruyó un sol y aniquiló sin pestañear cuatro mil millones de almas, entre ellas al propio emperador.
Pero Hadrian no es un héroe.
Tampoco un monstruo.
Ni siquiera un soldado.
La novela parte de un concepto, tan conocido como funcional, de dejar que sea el propio protagonista quien nos cuente la historia.
Y no desde el presente, no; desde un punto futuro en el que esta aislado, esperando un castigo por sus actos.
Lo hemos visto en ejemplos como El imperio del vampiro de Jay Kristoff o en Ceniza y salitre de Carlos Di Urarte y, aunque en forma distinta, en uno de los grandes espejos en los que se mira Ruocchio que no es otro que El nombre del viento de Patrick Rothfuss.
Y hay muchos ejemplos más, claro, pero que sea un recurso tan utilizado no significa que deje de funcionar.
Hadrian Marlowe es nuestro protagonista, aunque él ya nos avisa (en la segunda página del relato) que no va a ser su único nombre. Hadrian está acusado de graves cargos, de destruir un sol, pero también es un héroe de guerra, un aristócrata o un contrabandista. Por todo ello va a ser sentenciado a muerte, pero quiere que su historia sea recogida, valorada, recordada y, para ello, va a comenzar justo por el principio.
Esta es otra de las diferencias con el resto de novelas que os comentaba; Ruocchio / Hadrian no van a dar, de momento, saltos temporales: la historia arranca en un punto de la infancia de Marlowe y va a seguir los hechos en orden cronológico, aunque se ponga juguetón con algún guiño a futuros desastres.
El personaje protagonista, este Hadrian Marlowe, va a ser uno de los puntos de interés capitales en la novela y, a largo plazo, en la serie.
Hadrian es, en principio, tanto por definición como por necesidad, el típico protagonista de una larga serie como esta: se ve envuelto en mil historias, pasa por un montón de penurias, tiene una fuerte convicción en sus creencias y ese destino marcado que parece conducirle por la vida, quiera él o no.
Ruocchio no se frena ante un personaje así; se toma su tiempo (y sus decisiones) en darle una personalidad propia, unas veces con un tono de protagonista absoluto muy marcado pero con otras decisiones que lo alejan de ese rol.
El mundo galáctico y el tono general de este primer libro es otra de las cosas que llaman la atención.
Una space opera clásica, con sus civilizaciones, conflictos y diferentes planetas. Hay intrigas palaciegas, políticas, militares, históricas, románticas, éticas, religiosas y aventura pura y dura.
El mundo que plantea Ruocchio tiene ecos de un imperio a lo Romano, con distintas familias, de diverso poder e influencia, en una estructura que termina en un Emperador. Una especie de nobleza, que asegura su estatus a través de la manipulación genética de sus descendientes.
Son más altos, más guapos, más fuertes y más egoístas que el pueblo llano, faltaría más.
Pero, como todo imperio, tiene sus límites y más allá de férreo puño del Emperador existen nómadas, mercenarios y demás que viven a espaldas de las leyes y normas.
Ya, ya, os estaréis preguntando: ¿sólo hay míseros humanos en las insondables profundidades del espacio?
La estirpe humana de esta serie ha salido de la madre Tierra, convirtiendo el antiguo planeta en una figura religiosa, y mantienen que fueron los primeros (y únicos) en lanzarse a la conquista espacial.
El humano, como no, poniéndose en el centro de todo.
Por el camino, en los planetas que han ido asimilando, han ido conociendo (o esclavizando) a otras especies locales, sin presencia en el espacio, y que consideran inferiores. Establecen ciertas relaciones con ellas pero poco más. Y sin pasarse de los límites porque hay una inquisición, unos cancilleres, que controlan brutalmente todo lo relacionado con la xenobiología y la religión. No hay más dioses ni más poder que el humano.
Esto sería muy aburrido sin un conflicto, claro, y el conflicto tiene un nombre: los Cielcin. Los Cielcin son, resumiendo, los Klingon de esta serie. Humanoides de rasgos duros, colmillos y cuernos afilados, largas extremidades y tan blanquecinos que casi parecen hechos de hielo. Tienen sus propias creencias y un lenguaje complejo, brutal, que enrarece la comunicación.
Y, lo más importante: tienen la tecnología necesaria para viajar por el espacio, visitando otros mundos. Un pequeño dato que pone patas arriba todo el sistema de creencias humano y que solo tiene una solución: la guerra.
La humanidad y los Cielcin llevan mucho tiempo en un conflicto que parece estancado, que da lugar a historias, mitos, leyendas y temores, como la invasión por las terribles bestias de hielo que devoran carne con un ansia tal que son capaces de cometer canibalismo.
Hadrian, apasionado de la romántica de la aventura, de ese sentido de la maravilla, se siente poderosamente atraído hacia los Cielcin y su cultura pero, siendo un miembro de la nobleza y con un destino prefijado por su padre, poco puede hacer.
¿O no?
Esto es, a grandes rasgos, el punto de partida de El imperio del silencio y de la serie del Devorador de soles.
Si argumentalmente toca puntos comunes con otras obras del estilo, en cuestión de estilo tampoco busca ningún punto de ruptura. La novela está muy bien escrita, correcta, teniendo en cuenta que estamos hablando de un libro épico de 700 páginas que sirve de puerta para otros 6 más.
Justo en esa mezcla entre argumento y estilo reside el punto clave que hizo que el libro me funcionase tan bien.
Hadrian y gran parte del camino que recorre, de momento, se aleja de la épica pocha que muchas veces asoman por historias así.
Hay épica, claro, pero también hay derrotas, pérdidas, giros del destino, tramas ocultas y demás. Ruocchio no de deja embaucar por la aventura facilona, por lanzar al protagonista a una acción aún más espectacular que la anterior y propone varios momentos de pausa, aún a costa del ritmo de la novela.
Pausa entre escenarios, entre cambios, y la gracia está en cómo utiliza esos huecos. El ejemplo más claro que se me viene a la mente es Mass Effect, la trilogía (+1) de videojuegos. Un juego de rol y acción, disparos, explosiones, poderes y demás de un humano que asciende a agente de alto rango de una especie de ONU de razas espaciales y que investiga una amenaza galáctica. La historia se desarrollaba entre escenas de acción y tiroteos pero había momentos de pausa en los que Shepard, nuestro/a protagonista, conversaba con el resto de tripulantes de su nave, la Normandía. En esas charlas se desgranaban las motivaciones de cada personaje, su trasfondo, sus debilidades, establecías relaciones afectivas y tomabas caminos que puede que luego repercutiesen en el devenir de la historia.
Tú querías disparar, el juego te daba charleta.
Ruocchio se aleja de la espectacularidad de la acción para hacer que Hadrian establezca conversaciones con parte de la amplia galería de personajes de la novela y esa idea funciona muy bien, porque ayuda a que te importen, a que comprendas mejor el mundo creado sin tener que recurrir a enormes desarrollos de contexto y a tender hilos argumentales que tendrán importancia en el futuro.
Claro que hay acción, desde combate a vida o muerte a huidas, pasando por interrogatorios y traiciones, pero el foco no está ahí. Eso es el envoltorio, lo que te esperas de una novela así, pero lo interesante está dentro, bajo el celofán brillante.
Tú querías batallas a vida o muerte en un Coliseo estelar pero Ruocchio te da antibelicismo.
El imperio del silencio es el primer paso de una ambiciosa serie de space opera, el primero de 7 libros (más algún relato) con el marcado peso de un protagonista, Hadrian Marlowe, sobre el que gira todo el argumento.
Tiene los problemas que os podéis imaginar: introductorio de lo que está por venir, gran cantidad de personajes y contexto que se va a desarrollar poco a poco, ese toque de folletín espacial que puede no gustar y muchos secretos que dosificar de golpe, junto con un ritmo algo lento y ciertos lugares comunes.
A mi me ha convencido su lectura pausada, mantuve el interés de principio a fin y no puedo esperar a ver cómo sigue la cosa después de ese final repleto de revelaciones e interrogantes para el futuro. Porque lo que hace Ruocchio es despojarse de toda esta primera fase de la serie para terminar la novela por todo lo alto, con una premisa muy atractiva.
Menos mal que El aullido de la oscuridad, segunda entrega, llega ahora mismo, en septiembre de 2026...
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