jueves, 1 de octubre de 2026

Días oscuros - Thomas Olde Heuvelt / Nocturna

Resulta difícil, a día de hoy, construirse un nombre propio dentro de un género, disciplina o arte.
No pongáis límite, el que queráis. 
Somos pequeñas cajas de eco que repetimos y amplificamos aquello que nos gusta, picando de aquí y de allí, añadiendo ingredientes a la receta. Y en esa mezcla de tantas influencias y estímulos corremos el riesgo de perdernos, de desvirtuar nuestra propia originalidad. 

Thomas Olde Heuvelt es uno de esos escritores que intentan dar forma a una identidad característica, una marca si preferís, en un género tan complicado como es el terror enfocado al gran público.
Después de tres novelas en castellano, Hex, Eco y Oráculo, Heuvelt presenta Días oscuros, con una de esas premisas que agarran tu atención y la experiencia previa de sus obras anteriores, lista para cubrir nuestras noches otoñales con un velo de oscuridad.

¿Estáis listas, estáis listos, para estos Días oscuros?


Título: Días Oscuros

Autor: Thomas Olde Heuvelt

Editorial:  Nocturna, 2026

Traducción: Ana Isabel Sánchez

Páginas: 464


En Lock Haven, un pueblecito del estado de Washington, hay una calle muy especial: Bird Street. Todos sus residentes tienen éxito, son ricos, saludables y felices. Y sus hijos son sofisticados, inteligentes y triunfadores.

Por lo menos, durante once meses al año.

Porque en noviembre comienzan los Días Oscuros. Noviembre es el mes de los accidentes, los conflictos familiares, las enfermedades y, en fin, la mala suerte. Y es en noviembre cuando un forastero llega a Bird Street para cobrar la deuda que los residentes han contraído con él a cambio de su felicidad.

Ese precio es una vida humana. Sin falta.

Pero este año, las cosas no salen según lo previsto. 

Este año, los Días Oscuros se tuercen de un modo escalofriante...


El modus operandi de Heuvelt como autor consiste en atacarnos con premisas impactantes.
Sin temblarle el pulso, sin misericordia.
Una misteriosa bruja de ojos y boca cosidos en Hex, un terrible accidente de escalada en Eco o la aparición de un viejo barco en medio de un campo en Oráculo. 
Tres ideas iniciales que llaman tu atención y que hicieron que conectase con la lectura de inmediato.
Días oscuros juega con las mismas normas y consigue, por lo menos en mi caso, el mismo efecto.
Todo esto está en la sinopsis, así que no caigo en el terreno de los spoilers (aquí no hay de eso…).
Imaginaos una urbanización alejada del centro de la ciudad, muy cerca de zonas boscosas, donde hay una serie de familias que viven en unas lujosas casas y a las que les van las cosas bien.
Muy bien.
Demasiado bien.
11 meses al año porque hay un mes en concreto, noviembre, en el que las cosas no van tan bien…
Quizás tenga algo que ver la extraña reunión que tienen a principios de noviembre, que coincide con un mes de reclusión temporal y alguna que otra visita al bosque, junto con la llegada de un forastero en busca de un pago.
Esta es la premisa, a grandes rasgos, y ya veis que, en principio, no se guarda nada.

Días Oscuros secuestra tu atención desde el arranque, dejándote en medio de los personajes que viven en Bird Street, unos días antes de llegar al temido mes de noviembre y sus consecuencias. 
Para ello, Heuvelt divide la novela en dos grandes partes, dejando la impresión inicial de estar ante una novela muy coral, debido a la cantidad de vecinos que viven en Lock Haven. 
Y algo hay de eso, claro: no se ciñe a la visión de un único personaje protagonista, sino que la narración se condensa en varios, dentro de los integrantes de una misma familia, los Lewis Da Silva: Luana y Ralph, como madre y padre y Kaila y Django, sus hijos de 15 y 11 años. 
Es, a través de ellos, como conoceremos todos los entresijos, complicaciones y terroríficas consecuencias de que lleguen los Días oscuros a destrozar su, en apariencia, tranquila convivencia.
Ese aspecto, siendo sincero, me dejó bastante tranquilo porque suelo ponerme algo ansioso con los libros de muchos personajes y familias. Claro, vi la lista de personajes y el pequeño mapa con el que se abre la novela (un detalle maravilloso que me gusta muchísimo) y me temí lo peor. 
Pero Thomas Olde, siempre atento a construir de forma que favorezca la narración, se ciñe a la expresión más funcional de ese planteamiento.
Ademas, esa elección de personajes no es al azar: son una de las familias más jovenes, de otro estrato social (parcialmente) y con distintos orígenes, ya que Luana es brasileña.

Dentro de esas dos partes que os decía, Días oscuros se construye con capítulos centrados en un personaje, como os decía, pero dentro de un marco temporal. El tiempo, dentro de la novela, es un factor importantísimo porque el temido mes de noviembre flota lejano, una amenaza en el futuro… hasta que llega el 31 de octubre. Entonces todo son prisas, miedos y ventanas cerradas. Incluso dentro de noviembre, inmersos en esos días oscuros, no todas las semanas son iguales…
Tiempo y personajes o, mejor dicho, el paso del tiempo y los puntos de vista de los distintos personajes, ayudan a construir una novela con un marcado peso psicológico, por culpa de las reacciones y pensamientos ante el pacto que ata sus vidas y las consecuencias que eso acarrea.
Y ya os podéis imaginar que lo he disfrutado muchísimo.



Hablaba antes de estilo propio, de personalidad, y Thomas Olde construye en Días oscuros lo que puede ser la piedra angular de su trabajo y la novela en la que más se aprecian sus características. Además de la premisa, de una buena cantidad de personajes o de esa creciente oscuridad, el ejercicio narrativo que hace condensa todas sus virtudes y algún que otro defecto, claro.
La idea principal surge, al igual que en sus novelas anteriores, en un punto muy al inicio de la lectura y de una forma muy directa. 
Eso no es novedad pero si que creo que, en esta ocasión, resiste mucho mejor el agotamiento por el paso de páginas. No hay mucho descanso, pero tampoco añade un montón de ideas locas como hizo en Oráculo: va siguiendo un camino constante de oscuridad y agobio creciente. 
El ritmo es, por tanto, mejor, más estable y el final, la resolucion, no tanto por inesperado como por juguetón, me convenció.
Heuvelt se desenvuelve muy bien en este tipo de historias, contenidas en un escenario como era Hex. Diálogos creíbles y muy funcionales, personajes con distintas aristas y un entorno que casi llegas a ver, que parece que lo conoces. Tiene, al igual que en sus otras novelas, algún exceso narrativo en forma de tramos en los que describe en exceso o se frena en algún punto en particular. No es nada grave y, si habéis leído alguna obra suya, lo tendréis en mente.
Si que hay un aspecto de su trabajo que me gusta especialmente y es la forma en la que construye personajes jóvenes. Ya en Oráculo apuntaba maneras pero aquí, con la pareja de hermanos de la familia protagonista, consigue que estos adolescentes (más o menos) sean de los mejores personajes del libro.
Y gracias a eso, a ellos, Heuvelt consigue añadir un montón de ideas interesantes y actuales de la novela.

El grupo de ideas que maneja Días oscuros es apasionante y Thomas Olde las va integrando en la trama con una solvencia maravillosa. Ya os podéis imaginar que es una historia oscura y angustiosa, así que parte de las ideas van en esa dirección. Se habla mucho, muchísimo, de salud mental, depresión y suicidio, de una manera directa y sin tener miedo a tratar ningún aspecto.
Parte de Días oscuros gira entorno al privilegio, a la circunstancia de vivir en un entorno social alto, exclusivo, con todo lo que puedas querer o necesitar y, aún así, ser miserable. 
O de lo que puedes ser capaz de dar, de intercambiar, para mantener ese privilegio. 
Los condicionantes éticos y morales entran en conflicto con la avaricia, con la propia naturaleza humana. Heuvelt no se limita a dar una vuelta superficial por esos asuntos y basa gran parte de la historia en ese conflicto y todas sus variantes. Tampoco es ajeno al conflicto generacional, dejando casi siempre una visión positiva y esperanzadora de la juventud, cosa que, con esta vejez cínica que comienza a asolarme, lo agradezco. El futuro de la sociedad, la tecnología, el equilibrio con la naturaleza, el egoísmo, la intolerancia… todo tiene cabida.
También encuentro, ya de fondo, un recuerdo del estrés post traumático que nos dejó el tiempo de la pandemia, casi como una cicatriz mal cerrada.
¿Hubiese sido distinta esta novela en otro tiempo sin Covid?
Casi seguro pero, con la epidemia y sus consecuencias sociales y mentales tan presente, todo adquiere otra visión, otro significado. El aislamiento, la forma de ver el mundo o las relaciones personales y familiares. Quizás sea la novela de género que mejor adapta este nuevo contexto, nuestra realidad, sin recurrir al argumento de una invasión zombi o cualquier tipo de plaga, con esas ideas completamente interiorizadas y asimiladas por Thomas Olde.



Acaba de salir, en el momento en que estoy escribiendo esto, una imagen (la tenéis sobre estas líneas) de la nueva versión de Carrie en forma de serie, dirigida por Mike Flanagan, en la que se ve a Carrie leyendo un ejemplar de Hex y me parece, además de un detalle maravilloso, un ejemplo perfecto tanto del alcance del autor como de las referencias que pueden percibirse en Días oscuros.
No resulta nada original hablar de Stephen King porque, como casi siempre digo en estas opiniones, hay cosas de King en casi todos los autores y autoras de terror actuales.
Es innegable y es imposible huir de ahí; no pasa nada y es entendible.
Me hace especial gracia lo de Flanagan porque creo que es uno de los directores que mejor podrían capturar la esencia de las obras de Thomas Olde, si terminan llegando al cine o serie, cosa que parece más que probable (tanto Hex como Días oscuros tienen los derechos comprados y varias propuestas listas…). Así que, tal vez, sea un guiño enorme a lo que está por venir.
No descubro nada si digo Días oscuros tiene el clásico toque de pacto fáustico, de elecciones y situaciones que cada vez se vuelven más complejas y oscuras. Una base del clásico de Goethe del que usa ese tratamiento inicial de la idea, nada más.






Estilo propio, identidad y estatus dentro de la literatura de género, con eso comenzaba esta opinión. Creo que Días oscuros marca un punto clave dentro de la carrera de Thomas Olde Heuvelt porque, además de ser su mejor novela desde Hex, es la que concentra todo su estilo e intenciones de una manera más equilibrada.
Y más aterradora.

Y más aterradora.
De lejos.
Tiene todo su estilo, sus vicios y sus ideas perfectamente integradas en el cuerpo de la novela, en su desarrollo, construyendo una historia que funciona a la perfección: oscura, atractiva y endemoniadamente entretenida.


Leí, no recuerdo dónde ni a quién, ya me perdonaréis, que la diferencia entre una opinión personal y una reseña, además del enfoque, radica en intentar hablar de esa obra dentro de un marco temporal. Casos como el de Días oscuros hace que sea una tarea muy sencilla porque creo que es una novela de terror que se ciñe perfectamente a nuestra situación social y mental. 
La desigualdad, la intolerancia, el privilegio casi como un carácter hereditario, el suicidio (tanto voluntario como asistido), el conflicto intergeneracional, el poder del dinero y del estatus…, Thomas Olde coloca todas esas ideas de una manera clara y directa para generar un enorme conflicto, del que veremos un montón de ramificaciones.
Todo ello bajo la densa oscuridad de un pacto, de un extraño forastero con el rostro envuelto en un humo denso…, de lo extraño, del terror sin explicaciones ni complejos.
Días oscuros es una de las mejores novelas de terror que he leído este año y un paso muy interesante dentro de la trayectoria de Thomas Olde, sin duda.

Utiliza a una familia como eje de la narración pero eso no evita que analice al resto de habitantes de Bird Street. Una observación minuciosa, de microscopio, sobre ese pequeño ecosistema que se genera en ese lugar. Una lupa incómoda, que amplifica todo lo oscuro, y sirve como un ligero vistazo a nuestra sociedad.
Todos estos ingredientes consiguen crear una atmósfera bastante oscura, muy opresiva y agobiante, que incluso se agudiza en su segunda mitad.

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