Reseñas

lunes, 24 de octubre de 2022

"October Boys: Un Halloween de muerte" - Adam Millard / Dimensiones Ocultas

Pesadillas para adultos.
Esa es la frase promocional y el estilo de portada que, desde Dimensiones Ocultas, han decidido darle a "October Boys".
Nada que ver con la versión original: un nuevo tratamiento de imagen y contenido, con ese doble título de "Un Halloween de muerte".
Imposible resistirse a una novela sobre un grupo de niños, un heladero infernal, un trauma y el regreso de una pesadilla, décadas después.
Y, por si dudabais: es Pesadillas para adultos.


El argumento.

Halloween, 1988
¡Truco o trato! La pandilla de los October Boys sale en busca de chucherías y caramelos, pero pronto abandonan la idea cuando un camión de los helados —¿un camión de helados en pleno octubre?— comienza a perseguirlos.
Aquella fue la noche en la que uno de los October Boys desapareció.

Octubre, 2016
Años más tarde, Tom Craven sigue traumatizado por la llegada de la noche de Halloween, sobre todo porque la policía nunca encontró a su amigo, ni a su secuestrador. Lo que nadie sabe es que El Heladero está a punto de volver a por lo que queda de los October Boys…

Suelo comenzar las lecturas con una mezcla de ilusión y terror a lo desconocido. ¿Estará el inicio a la altura?¿Conseguirá llamarme la atención? Y si se trata de una novela con un argumento tan marcado, doble ración.
Me lancé a la lectura de "October Boys" con esa idea en mente, más marcada que en otras ocasiones. 
Y superó la prueba: apenas 50 páginas y ya estaba todo el inicio de la historia planteada, además de unos cuántos añadidos que no esperaba.

Vayamos por partes.

Quitémonos el problema de encima: ¿un grupo de amigos que sufren una cruel pérdida por un ente extraño y que, ya adultos, deben hacer frente a esa amenaza? 
Si pensáis en It (Eso) de Stephen King, estaréis por el buen camino. "October Boys" coge prestada esa idea y algo del desarrollo, al igual que también bebe de otras fuentes.
Nada nuevo, eso lleva haciéndose (y se hará) muchísimo tiempo.
El factor diferencial es lo que haces con esa idea, si eres capaz de añadir algo nuevo.
"October Boys" tiene un inicio impactante; la escena de la desaparición de Ryan es una introducción de lujo, además de servir para introducir al grupo de protagonistas, sus dinámicas y al camión de los helados infernal con su Pop goes the weasel desafinada.
El resto de la introducción ya discurre en la actualidad, centrándose en Tom, uno de los integrantes de la pandilla y su reacción ante el trauma del pasado y cómo hace frente al posible regreso de El Heladero.

Además del efectivo inicio, los primeros capítulos de "October Boys" me llamaron la atención por su oscuridad. No por sustos, hechos desagradables, sangre y tripas, si no por la capa de depresión, de traumas y pesadumbre que transmite Tom. Millard utiliza a Tom como ejemplo de lo que sucede con los traumas juveniles y adultos, lo que sucede cuando algo te hace crac por dentro. 
Y si a ése estado sumamos visiones, pesadillas y amenazas de El Heladero, la situación no tiende a mejorar.
Y así, entre alguna que otra escena de terror (darían para unos buenos jumpscares), tramos más cercanos al thriller o novela de suspense, la introducción de personajes, ya sean de la pandilla (Luke y Martin) o nuevos añadidos (Wood) y la construcción de la leyenda de El Heladero, nos plantamos en el final.
Otro acierto en la comparación con Pesadillas: "October Boys" se lee solo, 400 páginas que pasan en un suspiro.
Ritmo, diversión y terror.

Vuelvo a por los que se han escapado.- Una gruesa lengua negra, dividida en zarcillos en la punta, salió de la boca de El Heladero y lamió la mejilla sudorosa-. Soy la oscuridad en la esquina de tu habitación, el hedor que no puedes identificar, la sensación que tienes cuando estás solo en casa.

Tom es el protagonista de la narración y es un personaje un tanto particular. Tom carga con el trauma de la desaparición de Ryan y ahora, debe hacer frente al regreso de El Heladero, que vuelve para terminar lo que comenzó a finales de los 80.
Tom es un personaje roto, oscuro y peculiar. No se fía de la tecnología, a ratos parece un tanto antisocial, desconfía de las mujeres, de su psicólogo... Un tipo extraño embarcado en una oscura aventura. A veces su comportamiento te saca de la lectura y dudas si es algo intencionado, causa del trauma o un reflejo de las partes más atormentadas del propio Adam Millard.
¿Quién sabe? 
El resto de personajes aligeran esa carga, como Martin y Wood, más irónicos, Margaret y sus líos bibliotecarios o Danielle y su familia.

Pese a intentar equilibrar la balanza, "October Boys" es un libro oscuro, sobre todo en su inicio, con una Londres llena de barrios plomizos, anticipando el horror que se cierne con la vuelta de El Heladero. Una ubicación que tiene una importancia relativa en la trama pero que no se utiliza como un personaje más, tal y como hacía King con el Derry de "It".

Lo que el helado esconde

Un camión (de los helados) que secuestra niños y niñas y los hace desaparecer para siempre. La crónica de sucesos se da la mano con las leyendas urbanas en mitad de ninguna parte.
La construcción de El Heladero, además de ciertas sorpresas que no voy a revelar, bebe de creepypastas, de leyendas urbanas clásicas, de ese miedo a furgonetas oscuras que raptan a jóvenes para a) tráfico de órganos, b) tráfico de drogas, c) tramas criminales o pedófilas, dependiendo de la época, y mucho cine y literatura de terror.
Adam Millard triunfa en la construcción del mito, pero sin meterse en demasiados jardines. El Heladero de "October Boys" cumple como amenaza, devorando el protagonismo de la novela en muchas partes, tiene un trasfondo interesante y posee la ambigüedad necesaria para ser una criatura de Pesadillas o tener tintes muchísimo más oscuros. Siempre acechando, siempre entre sombras oscuras y ojos rojos.
Bebe de fuentes como Pennywise, Freddy Krueger, el Creeper de "Jeepers Creepers" y Buhguul de "Sinister". Menudos referentes.
Una leyenda muy efectiva para la temporada de Halloween.


Todos estos detalles ayudan a construir una leyenda, una novela, que funciona pero es importante dotarla de una personalidad. "October Boys" es una novela extraña en ese sentido. Oscura por momentos, más ligera en otros, final incluido.
Tuve la sensación que la novela podría haber sido muchísimo más oscura, más jodida, y hay pistas para ello (el contenido del camión de los helados, ciertas cosas que ocurren con pollo...) pero, llegado el momento, Millard decide no seguir por ahí y acercarnos una versión de un terror más ligero.
No tengo ningún problema en particular con ello e incluso lo llego a ver como una virtud, quizás vuestras turbias mentes rellenen algún hueco.
Eso hace, además, que "October Boys" sea una novela más accesible para el público no acostumbrado al terror extremo. El estilo de Millard también ayuda: claro, directo, sin complicaciones y con una habilidad especial para ir al grano.

Y, en relación con lo anterior, una advertencia: "October Boys" ha sido traducida por el editor oscuro en persona, Roberto Carrasco, que ha bajado a terrenos mortales desde su afilada torre llena de murciélagos, cintas vhs y rayos de neón rosa. La traducción de la novela es un plus y no por lo bien ejecutada que está, casi una marca de la casa de la editorial, si no por lo que aporta.
Me explico.
En "Mi ligue de la ouija", Carrasco ya había dejado alguna que otra perla (¡mierda molía!) y referencias actuales. Lo que viene siendo una traducción muy cachonda y consensuada con el autor, por supuesto.
En esta ocasión, además de esas expresiones, se percibe que ha trabajado para aportar un punto extra a la novela sin influir demasiado en la obra original.
Como decía, "October Boys" deambula entre un terror más oscuro y niveles más ligeros. Una vez terminada la novela queda claro que está más cerca de Pesadillas que de, por ejemplo, "Buscando al Hombre del río". Y la traducción trabaja para explotar sus virtudes en base a pequeños matices que se van acumulando.
Para mi, un acierto absoluto; un equilibrio entre traducción y edición.


En definitiva.

Pesadillas para adultos.
¿Ya os lo había comentado, no?
Eso es lo que vais a encontrar en "October Boys: Un Halloween de muerte". Una novela de terror de lectura rápida y disfrute inmediato, con una leyenda urbana en forma de heladero al ritmo desafinado de Pop goes the weasel. Adam Millard equilibra los aspectos más depresivos del libro, focalizados en su protagonista, con otros más lúdicos, consiguiendo inquietarte, entretenerte y construir un buen puñado de terroríficas escenas.

La edición de Dimensiones Oscuras, traducción aparte, sigue el buen estilo de la editorial: formato muy atractivo, portadaza a cargo de Suspirialand y unos márgenes y tamaño de letra insuperables.
¿Un defecto? 
¡Tendrían que haber hecho una portada que brillase en la oscuridad!

"October Boys: Un Halloween de muerte" es una novela de terror muy accesible, perfecta para leer con Halloween asomando sus calabazas. Entretiene e inquieta, dejando aspectos más oscuros a la interpretación de las mentes lectoras.
A mi no me ha decepcionado, e incluso algunas partes (el trasfondo de la leyenda) me han sorprendido. No vayáis con referentes como "Buscando al Hombre del río" en mente: "October Boys" juega en la línea de "Las cuchillas de mi cabeza" o de algunas partes de "Mi ligue de la ouija". Y vais a disfrutar si os gusta el cine y literatura de terror: Millard toma aspectos prestados de aquí y de allí, que os van a sacar más de una sonrisa torcida.
Me lo he pasado muy bien, aunque si que me esperaba otra cosa.
Y eso, a veces, que superen de un modo u otro tus expectativas, es lo que cuenta. 

Si os ha llamado la atención "October Boys: Un Halloween de muerte" quizás os interese "NOS4A2" de Joe Hill o películas como "Truco o trato" (Trick'r treat, 2007) o "Sinister".

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