¿Puede un ateo recalcitrante, como yo, sentir terror o inquietud ante una lectura como El Exorcista?
Esa será, quizás, la incógnita a resolver en las siguientes líneas de esta reseña, creada para celebrar la vuelta a las librerías del clásico (si, ya se puede considerar un clásico) de William Peter Blatty, esta vez de la mano de Nocturna.
Si, ya se que habéis visto la película, leído la novela y que está tan interiorizada en la cultura popular que resulta difícil hablar sobre ella sin caer en lugares comunes, pero habrá que intentarlo.
Eso si, si sois de los que únicamente habéis visto la película o que creéis haber visto la peli, que de esos también hay, la novela tiene un enfoque que difiere de su versión cinematográfica.
Y de los memes, ni te cuento.
Título: El exorcista
Autor: William Peter Blatty, 1971
Editorial: Nocturna, 2026
Traducción: Raquel Albornoz
Ilustraciones interiores: Alejandra Acosta
Gracias a la editorial por el ejemplar para su reseña.
Publicada en 1971, El exorcista, una de las novelas más controvertidas jamás escritas, se convirtió en un auténtico fenómeno literario que permaneció más de un año en la lista de los más vendidos del New York Times. Inspirándose en una historia real sobre un caso de aparente posesión demoniaca infantil, William Peter Blatty creó a Regan, una niña de once años que muestra síntomas inequívocos de posesión. Un pequeño grupo de personas se propone rescatar a Regan de su destino, y los sucesos que se producen entonces son innegablemente aterradores.
Dos años después de su publicación, El exorcista se convirtió en una película de culto que obtuvo diez nominaciones a los Oscar. El día del estreno, una legión de fans intentó colarse a la fuerza en los cines abarrotados, hasta el punto de que la policía acabó dispersando a las multitudes con gas lacrimógeno. Desde entonces no han dejado de estrenarse adaptaciones audiovisuales por la fascinación que el texto continúa suscitando. Crudo y profano, el libro posee la extraordinaria capacidad de perturbar a los lectores y hacerles olvidar que es «solo una historia».
Justo así, la verdad. Regan MacNeil, niña de 12 años, hija de Chris, actriz de renombre que está filmando una película en Washington, comienza a comportarse de manera extraña, inexplicable, lo que desemboca en un ritual de exorcismo cristiano, con tremendas consecuencias, a cargo de los sacerdotes católicos Karras y Merrin.
Este resumen sirve como toma de contacto tanto de la película de 1973 dirigida por William Friedkin, como de la novela original escrita por William Peter Blatty un par de años antes, en 1971.
En esta entrada me voy a centrar en la novela así que, de momento, voy a dejar a un lado la película, aunque será inevitable volver a ella.
El argumento es el que es, como decía, y no creo que sorprenda a nadie en 2026 por su tremenda presencia en la cultura popular. Pero, si es la primera vez que os acercáis a la novela de Peter Blatty, si que habrá ciertas cosas que van a llamar la atención.
La primera y principal sería el estilo y quizás os pille por sorpresa, si lo que esperáis es una novela de terror más o menos clásica y tradicional.
Peter Blatty construye la novela mezclando frases cortas, diálogos y charlas bastante profundas entre personajes y dejando los momentos más descriptivos o narrativos para esas escenas con Reagan que piden un extra de ambientación.
A ratos parece un true crime o un policiaco, otros un guión de cine o teatro y puede caer casi en un ensayo ficcionado sobre la fe; múltiples enfoques y acercamientos a todos los temas y distintas personalidades que guarda la novela.
Esas distintas personalidades que atesora la novela quedan reflejadas en la galería de personajes. Chris y Regan, madre e hija, encarnan parte del terror que construye la novela pero también partes cercanas al drama. Una actriz, rodeada de personal de servicio y gentes del cine, que cría sola a su hija y que comienza a ver como el comportamiento de la pequeña se vuelve dañino, peligroso, malsano. Peter Blatty aprovecha esta relación madre sola/hija para exponer la indefensión y soledad que tienen ambas, esa relación que sufre por las ausencias y por el paso de la infancia a la adolescencia. Pero también deja apuntes sobre el, a ratos, frívolo mundo del cine y las relaciones entre niños y adultos, esos espejos rotos en los que mirarse.
El sacerdote Damien Karras representa otra de las facetas más importantes de la novela: la fe y las creencias. Karras es un sacerdote joven, en plena crisis de fe ante el fallecimiento de su madre. Un jesuita que ve como sus cimientos se tambalean y no solo eso, ya que su formación académica como psiquiatra, más científica y analítica, tampoco le está ayudando a salir de su crisis. Chris contactará con él para intentar atajar los problemas de Regan y Karras antepone su formación médica antes de su perfil religioso.
Hay otro sacerdote protagonista, que veremos en la escena inicial en una excavación en Irak y en el final de la novela, que es Lankester Merrin. Merrin es un sacerdote mayor, que ha tenido varios encontronazos con la maldad más absoluta y que surge para dirigir la ceremonia de exorcismo, como última solución a los males de Regan.
La tercera figura importante dentro de la novela, y diferencia absoluta respecto a la película, es el personaje del detective Kinderman. Peter Blatty utiliza a este detective obsesionado con el cine como vehículo del aspecto más policiaco de la trama, sin dejar de lado las conversaciones que Kinderman mantiene con Karras, centradas en fe, religión y creencias. Kinderman, además de verse arrastrado a la extraña situación con Regan, está investigando una misteriosa muerte ocurrida en casa de Chris y unas profanaciones en una iglesia cercana, lo que ayuda a sembrar la idea de cultos satánicos. El detective sirve de enlace entre los distintos caminos de la historia, manteniéndose alejado en las partes más extrañas o terroríficas. Kinderman, por cierto, será el protagonista de Legión, segundo acercamiento de Peter Blatty a este mundo en forma de novela, y que él mismo adaptó y dirigió en cine bajo el título de El Exorcista III.
Si El exorcista es recordado por algo es por su acercamiento al terror. Peter Blatty pone en pausa ese estilo centrado en los diálogos o en frases cortas parar ceder más espacio a la narración, a crear una atmósfera en la que tengan sentido esas cuatro o cinco escenas impactantes que se distribuyen a lo largo de la novela, rompiendo así la dinámica del resto de la obra.
Y funciona, funciona muy bien, aportando un toque más solemne al conjunto.
Mezcla algo extraña, como veis, que puede sorprender al público que se acerque a esta lectura esperando ver una simple novelización de la película. El tono, en ciertas partes, puede recordar a la versión de cine, al igual que el eje central de la trama y las escenas más míticas, que están todas, por supuesto, pero hay toques diferentes. Peter Blatty se obsesionó con esta historia cuya base parte de un hecho real. Un joven William estudiaba en la Universidad de Georgetown, centro dirigido por sacerdotes jesuitas, al igual que los que aparecen en la novela, cuando llegó a sus oídos una extraña historia ocurrida unos meses antes: una especie de exorcismo llevado a cabo durante seis semanas, entre Misuri y Maryland. Más tarde se supo que el niño involucrado en esta historia, ya adulto, terminó trabajando para la NASA, en proyectos tan importantes como el aislamiento térmico del Apolo 11.
Cosas extrañas, la verdad.
La cuestión es que Peter Blatty tuvo esa historia en su cabeza desde principios de los 50 hasta la publicación de la novela en 1971. Por el camino fue añadiendo jesuitas, detectives y ese miedo a los cultos satánicos tan de finales de los 60, hasta dar forma a la novela finalizada.
A ratos parece un guión cinematográfico, a veces roza el ensayo ficcionado, unos toques de policiaco tan detallado que parece un true crime y luego se lanza a crear unas inolvidables escenas de terror con las ouijas, las profanaciones de sacros recintos, el vómito verde y las blasfemias.
Edición de Nocturna, por cierto, integra, sin partes censuradas y con ilustraciones a dos tintas de Alejandra Acosta que captan muy bien parte de las escenas más importantes de la novela.
Tocando el tema de la película, en la novela vais a encontrar la mayor parte de elementos. Desde el inicio en la excavación en Irak hasta su terrible final, pasando por todos los estados por los que pasa Regan. Pierde algo de esa esencia malsana, casi intangible, que Friedkin construyó en la película, pero está todo aquí.
Ahora, vuelvo al principio.
¿Me parece una obra de terror, desde un perfil de persona no religiosa como es mi caso?
No es sencillo, claro, porque si hablamos de demonios y de religión católica, una cosa suele ir de la mano de la otra. Si creo firmemente que hay un demonio dentro de Regan, también debo confiar en que un ritual leído de un viejo libro y un baño con agua bendita puede solucionar la situación.
Y no es solo creer, es que eso me funcione, combine con mi sistema de creencias y la suma me genere muchísimo desasosiego.
Puedo entenderlo como un terror o una fantasía más lúdica, pero no como algo real. Como un peligro real.
Me da igual que se use una biblia y agua bendita que un grimorio fantástico y sangre de dragón; para mí viene siendo lo mismo.
Pero hay algo más en El exorcista, tanto en la visión de Friedkin como (algo menos) en la novela de Peter Blatty. Una oscuridad densa, fría y visual en el caso de la película, algo más mental en el libro, que funciona muy bien. Quizás sea ese estudio de las creencias, de la fe, combinada con la maldad humana, con lo que vemos y leemos, con las relaciones que tenemos, especialmente cuando estamos solos y vulnerables, como Regan.
Y ahí, en esos momentos de oscura soledad, no tenemos quién nos ayude, como quizás comprueba Karras en el final de la historia.
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