Nick Roberts vuelve a la carga después de la publicación en 2025 de La casa del exorcista y, siendo sincero, es el regreso de un tipo de terror literario que me gusta bastante.
Ahora iréis a la hemeroteca, es decir, al histórico del blog y me diréis: ay, mentirosillo, ¡si hubo cosas que no te gustaron!
Y estaréis en lo cierto, claro.
En la reseña tenéis toda la información al respecto pero también decía, listillos y listillas, que era un estilo que me gustaba y que leería el resto de novelas.
Ahora iréis a la hemeroteca, es decir, al histórico del blog y me diréis: ay, mentirosillo, ¡si hubo cosas que no te gustaron!
Y estaréis en lo cierto, claro.
En la reseña tenéis toda la información al respecto pero también decía, listillos y listillas, que era un estilo que me gustaba y que leería el resto de novelas.
Para la segunda parte y precuela de La casa del exorcista todavía hay que esperar un poquito pero ahora nos llega Atrabiliario, del Mean spirited original, una novela independiente que consigue potenciar todos los puntos fuertes del título anterior y limar alguna de sus asperezas.
Me lo he pasado muy bien, sin duda, leyendo con una sonrisa extraña en el rostro.
Me lo he pasado muy bien, sin duda, leyendo con una sonrisa extraña en el rostro.
Título: Atrabiliario / Mean spirited
Autor: Nick Roberts
Editorial: Dilatando Mentes, 2026
Traducción: Francisco J. Pérez
Páginas: 345
Gracias a la editorial por ceder un ejemplar para su reseña.
Matt Matheny sobrevive como puede: profesor en las últimas, alcohólico funcional y padre incapaz de recomponer una vida que se desmorona a diario… Pero todo empeora cuando acepta hacerse cargo del perro de una antigua alumna fallecida.
Con el animal llega algo más.
Una sombra cruel empieza a extenderse a su alrededor. La violencia colma los hogares, el miedo contamina las calles y Matt comprende que ha abierto la puerta a una fuerza que no conoce límites.
Para salvar a su hijo, deberá enfrentarse no solo a la entidad que lo acecha, sino al hombre en el que se ha convertido.
Hay tantos estilos de terror como gustos personales, más o menos.
Hablo de terror psicológico, cargado de metáforas, denso y espeso, estilos extremos, como el gore y splatter, con el nivel de atrocidades bien alto, el clasicismo del gótico, el cósmico, el horror ontológico… Una lista casi interminable de subgéneros, de estilos y variantes que conforman la visión de conjunto de este terror que me (nos) gusta tanto.
Luego está el tema de la intensidad, casi como si hablásemos de tuestes de café.
Modulamos la intensidad de lo que leemos, buscamos mezclas que nos permitan combinar las barbaridades que nos metemos entre pecho y espalda con otras más amables, que nos den descanso entre complejas ideas psicológicas o la mamarrachez más absoluta.
Eso también pasa en el cine, no todo va a ser experiencia gourmet de gafa gorda y cuello alto, también necesitamos la idea palomitera feliz.
La mezcla de estos conceptos en cine y literatura, primos hermanos aunque lenguajes diferentes, de tratar buenas ideas con la intensidad justa para que sea un entretenimiento asequible me lleva justo a la puerta de un autor como Nick Roberts.
La casa del exorcista ya demostraba gran parte de los puntos fuertes de su autor, de sus propuestas. Atrabiliario lo confirma, con un planteamiento, desarrollo y ejecución que me ha convencido muchísimo más.
Eso también pasa en el cine, no todo va a ser experiencia gourmet de gafa gorda y cuello alto, también necesitamos la idea palomitera feliz.
La mezcla de estos conceptos en cine y literatura, primos hermanos aunque lenguajes diferentes, de tratar buenas ideas con la intensidad justa para que sea un entretenimiento asequible me lleva justo a la puerta de un autor como Nick Roberts.
La casa del exorcista ya demostraba gran parte de los puntos fuertes de su autor, de sus propuestas. Atrabiliario lo confirma, con un planteamiento, desarrollo y ejecución que me ha convencido muchísimo más.
¿Lo primero?
El argumento.
Matt es un profesor de instituto frustrado, depresivo, divorciado, con un hijo del que comienza a distanciarse y a punto de destruirse por culpa de su alcoholismo. Hasta que conoce la noticia de que una de sus antiguas alumnas, Ronnie, acaba de fallecer. Matt tiene la idea, ya me diréis si brillante o no, de despedirse de ella con un ligero homenaje: dejar en la puerta de su casa un poema enmarcado que Ronnie había escrito en sus clases. Cuando, envalentonado, va a depositar su pequeño y extraño homenaje, un perro labrador aparece en escena: muy cariñoso, muy amable, muy labrador. Conehead es su nombre y Matt descubre que era la mascota de Ronnie.
Justo en ese instante, nuestro protagonista tiene una revelación: se hará cargo del perro, tanto para evitar que acabe en una perrera como para rendir homenaje a Ronnie y, de paso, estrechar lazos con Mikey, su hijo, siempre deseoso de tener un perro fiel.
Lucy, ex de Matt, es veterinaria y también se lo puede dejar a ella para que revise al animal.
Todo perfecto, entrañable y maravilloso, hasta que empiezan a pasar cosas raras, un buen montón de muertes violentas y extrañas visiones que convierten Bluefield, West Virginia, en un infierno para Matt y sus allegados.
Lucy, ex de Matt, es veterinaria y también se lo puede dejar a ella para que revise al animal.
Todo perfecto, entrañable y maravilloso, hasta que empiezan a pasar cosas raras, un buen montón de muertes violentas y extrañas visiones que convierten Bluefield, West Virginia, en un infierno para Matt y sus allegados.
Una familia en apuros, pequeñas poblaciones estadounidenses, amenazas extrañas que apuntan a lo sobrenatural, figuras paternas conflictivas…, estas son parte de las ideas básicas que identifico dentro de la obra de Nick Roberts.
Atrabiliario, original de 2024, vuelve a hacer uso de ellas, al igual que lo hacía La casa del exorcista, publicada por primera vez en 2022. Especifico las fechas porque lo considero importante, no para cargar esto de datos; es importante porque hay cierta evolución.
Roberts maneja conceptos similares pero los utiliza mejor en esta novela: expresan más y mejor, generan otros ambientes.
Las ideas y la tensión se sostienen durante toda la lectura, cosa nada fácil ya que desde el principio mantiene un ritmo intenso.
Y eso nos lleva al tono.
Hablaba al principio del género y su tueste, su intensidad. Atrabiliario podría ser una densa novela de terror psicológico, dura y dramática, en la que se radiografía la destrucción de los lazos familiares a través de la pérdida y el duelo.
Podría ser y, para ser sincero, a ratos lo es.
Pero Nick Roberts es un abanderado del terror más cinematográfico, de ese acercamiento más ágil y entretenido, que llega a rozar el delirio en alguna de sus partes.
Las ideas y la tensión se sostienen durante toda la lectura, cosa nada fácil ya que desde el principio mantiene un ritmo intenso.
Y eso nos lleva al tono.
Hablaba al principio del género y su tueste, su intensidad. Atrabiliario podría ser una densa novela de terror psicológico, dura y dramática, en la que se radiografía la destrucción de los lazos familiares a través de la pérdida y el duelo.
Podría ser y, para ser sincero, a ratos lo es.
Pero Nick Roberts es un abanderado del terror más cinematográfico, de ese acercamiento más ágil y entretenido, que llega a rozar el delirio en alguna de sus partes.
No es lo mas rancio de A24, es una mezcla de las películas de los Warren de James Wan y algunos clásicos de videoclub de los 80 y 90, con una duración maravillosa de 100 minutos. Es un heredero de los paperbacks from hell, quizás algo más amable que esa generación de autoras y autores.
Y con esto no quiero decir que trate temas de manera superficial o que no trabaje sus ideas; no es eso. Tiene cierta profundidad y trata temas complejos pero también sabe parar a tiempo y añadir ciertas locuras a una trama principal que, obviamente, no puede sostener una tensa intensidad dramática.
Un ejemplo sería Matt, nuestro aparente protagonista. Tiene un montón de connotaciones negativas que aportaría muchísimo a la hora de construir un personaje dramático que volcase todas sus frustraciones (familiares, laborales, personales) en la destrucción de su familia… pero nos quedamos justo en el punto en el que el perro mira a la esquina de la habitación y ve cosas.
Y con esto no quiero decir que trate temas de manera superficial o que no trabaje sus ideas; no es eso. Tiene cierta profundidad y trata temas complejos pero también sabe parar a tiempo y añadir ciertas locuras a una trama principal que, obviamente, no puede sostener una tensa intensidad dramática.
Un ejemplo sería Matt, nuestro aparente protagonista. Tiene un montón de connotaciones negativas que aportaría muchísimo a la hora de construir un personaje dramático que volcase todas sus frustraciones (familiares, laborales, personales) en la destrucción de su familia… pero nos quedamos justo en el punto en el que el perro mira a la esquina de la habitación y ve cosas.
La estructura y desarrollo de la novela, además de sus ideas, favorece a construir esa visión.
Una impactante escena inicial, que casi parece dar paso a unos títulos de crédito, una sucesión de ideas que van creando ambiente, dos o tres jumpscares bien acompañados de sangre y violencia y una delirante parte final, bien cargada de revelaciones que termina por desembocar en un epílogo maravilloso.
Nick Roberts no se cansa de introducir elementos a la mezcla y con cada uno aumentaba mi felicidad. Tríos de sombras que acechan a lo lejos, espeluznantes paseos por clínicas veterinarias a oscuras, niños que parecen quedarse catatónicos, perros que ven cosas, sonrisas inquietantes y una vieja historia que conecta toda esta locura y que nos va a llevar a un hecho horrible sucedido en otra de esas localizaciones clásicas del terror.
Para rematar, un inspector de policía, Mund, una mezcla del Dewey de Scream y el Doctor Loomis de Halloween.
Un personaje maravilloso.
Mucho, muchísimo terror lúdico, que os va a transportar a un montón de lugares comunes del género, tanto literarios como cinematográficos.
Roberts, lógicamente, hace uso de un estilo muy visual, bien cargado de diálogos, pero no se corta a la hora de recargar sus descripciones.
Nick Roberts no se cansa de introducir elementos a la mezcla y con cada uno aumentaba mi felicidad. Tríos de sombras que acechan a lo lejos, espeluznantes paseos por clínicas veterinarias a oscuras, niños que parecen quedarse catatónicos, perros que ven cosas, sonrisas inquietantes y una vieja historia que conecta toda esta locura y que nos va a llevar a un hecho horrible sucedido en otra de esas localizaciones clásicas del terror.
Para rematar, un inspector de policía, Mund, una mezcla del Dewey de Scream y el Doctor Loomis de Halloween.
Un personaje maravilloso.
Mucho, muchísimo terror lúdico, que os va a transportar a un montón de lugares comunes del género, tanto literarios como cinematográficos.
Roberts, lógicamente, hace uso de un estilo muy visual, bien cargado de diálogos, pero no se corta a la hora de recargar sus descripciones.
La lectura de Atrabiliario me dejó muy satisfecho, superando casi todo lo que no me había convencido de La casa del exorcista: es más oscura, divertida y los personajes están mejor construidos.
Digamos que hacen caso al perro desde el principio, no como en La casa del exorcista…
Hay un elefante en la habitación que no había citado hasta ahora y que poco tiene que ver con el trabajo de Nick Roberts: hablo de la corrección de la novela (ojo, hablo de corrección, no de traducción).
La edición en castellano está cargada de errores; algunos son asumibles, como alguna letra perdida, pero otros resultan más dolorosos o confusos, siendo una constante que acompaña toda la lectura.
Una lástima.
Hay un elefante en la habitación que no había citado hasta ahora y que poco tiene que ver con el trabajo de Nick Roberts: hablo de la corrección de la novela (ojo, hablo de corrección, no de traducción).
La edición en castellano está cargada de errores; algunos son asumibles, como alguna letra perdida, pero otros resultan más dolorosos o confusos, siendo una constante que acompaña toda la lectura.
Una lástima.
Atrabiliario es el mejor ejemplo de un terror que me vuelve loco y que no suele prodigarse demasiado. Un acercamiento cinematográfico, cargado de ideas algo locas y que tampoco busca una profundidad excesiva, aunque tiene cierta carga. Es oscura, divertida, se lee compulsivamente y tiene un epílogo juguetón.
La presentación de Javier Ruiz Garcia habla de un tren de la bruja y es justo eso: un buen paseo por una atracción de feria, de esas que te sacan una sonrisa pero estás temblando por dentro.
Quizás, de vez en cuando, hay que disfrutar del terror, reírse con aquello que nos da miedo.
Quizás hay que disfrutar de la oscuridad.
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