Hay un ligero problema a la hora de calibrar el enfoque de una reseña: el tema de la emoción.
O, por lo menos, en mi caso.
Siempre trato de balancear la emoción, de evitar que se desate, para intentar encontrar un punto intermedio entre el entusiasmo y lo que se supone que debería ser una especie de reseña o crítica literaria.
Luego se me pasan las ínfulas, recuerdo que esto es un blog personal sin mayor interés que hablar de lo que me gusta y me permito tratar cada novela acorde a lo que me despierta.
¿A qué demonios viene este rollo?
A que me resulta casi imposible hablar sobre El imperio de los condenados de Jay Kristoff, segunda entrega de la trilogía que arrancó con El imperio del vampiro, sin recurrir a la emoción.
No puedo ser cerebral (ni quiero) con una segunda entrega que mantiene (en pocos aspectos) o mejora (en lo demás) todo lo visto en su primera parte, con una galería de personajes magnífica, acción, sangre, romance y terror a zarpazos en sus más de 900 páginas.
No puedo ser cabal con un lanzamiento que, para mí, supone un fenómeno absoluto.
Y ahora que tenéis claro que la novela se lleva mis 5 estrellas, mi 10 sobre 10, voy a hablar un poquito sobre las virtudes, sin destripes, de este segundo libro.
Bienvenidas, bienvenidos, al segundo paseo por las memorias de Gabriel de León, el último de los Santos de Plata.
O, por lo menos, en mi caso.
Siempre trato de balancear la emoción, de evitar que se desate, para intentar encontrar un punto intermedio entre el entusiasmo y lo que se supone que debería ser una especie de reseña o crítica literaria.
Luego se me pasan las ínfulas, recuerdo que esto es un blog personal sin mayor interés que hablar de lo que me gusta y me permito tratar cada novela acorde a lo que me despierta.
¿A qué demonios viene este rollo?
A que me resulta casi imposible hablar sobre El imperio de los condenados de Jay Kristoff, segunda entrega de la trilogía que arrancó con El imperio del vampiro, sin recurrir a la emoción.
No puedo ser cerebral (ni quiero) con una segunda entrega que mantiene (en pocos aspectos) o mejora (en lo demás) todo lo visto en su primera parte, con una galería de personajes magnífica, acción, sangre, romance y terror a zarpazos en sus más de 900 páginas.
No puedo ser cabal con un lanzamiento que, para mí, supone un fenómeno absoluto.
Y ahora que tenéis claro que la novela se lleva mis 5 estrellas, mi 10 sobre 10, voy a hablar un poquito sobre las virtudes, sin destripes, de este segundo libro.
Bienvenidas, bienvenidos, al segundo paseo por las memorias de Gabriel de León, el último de los Santos de Plata.
Título: El imperio de los condenados / Empire of the damned
Autor: Jay Kristoff
Editorial: Nocturna, 2025
Traducción: Laura Naranjo
Ilustraciones: Bon Orthwick
Páginas: 920
Rústica con solapas.
TRÁEME LO QUE NECESITO, NIÑO.
TRÁEME UN IMPERIO.
Gabriel de León ha perdido la oportunidad de acabar con la noche sin fin. Ahora, embarcado en una incierta alianza con una vampira, se propone recurrir a la enigmática estirpe Esani para averiguar cómo deshacer la muerte de los días...
Por más que a los lobos no les inquieten los males de los gusanos.
Perseguido por la estirpe Voss, arrastrado a letales contiendas en las gélidas Tierras Altas y destrozado por su propia sed de sangre, el último santo de plata sabe que quizá no sobreviva lo suficiente para presenciar cómo alguien muy importante para él descubre la verdad.
Y puede que esa verdad sea demasiado horrible como para concebirla siquiera.
Ilustrado por Bon Orthwick, El imperio de los condenados es el segundo tomo de la oscura trilogía de El imperio del vampiro. La prensa la ha comparado con El nombre del viento, Entrevista con el vampiro, The Witcher, The Last of Us y Juego de tronos.
- No eres un villano, Gabe.
Le devolví el apretón y le sonreí, mirándola de reojo.
- Soy un villano cuando hay que serlo.
Jay Kristoff arranca este segundo libro justo en el mismo punto en el que dejamos a los personajes al final de El imperio del vampiro y... esperad, esperad.
Os estoy contando esto como si ya hubieseis leído el primer libro y esperaseis el segundo, pero puede darse el caso de que seáis personas tranquilas que prefieren saber si el segundo (o incluso el tercer) libro de una saga merece la pena antes de meterse de cabeza a un compromiso de casi tres mil páginas.
Repito: tres mil páginas.
Por aquí os dejo mis impresiones del primer libro y, aunque me repita, esa misma reseña podría servir para El imperio de los condenados, casi palabra por palabra, salvo algunos matices que comentaré después.
Es lo mismo pero con más de todo, que termina haciendo que sea siendo un poco mejor. O, si no queréis comparar, sacaré a relucir el clásico tópico de es la evolución lógica de la serie. Es El Imperio Contraataca o Las Dos Torres de la saga vampírica de Jay Kristoff.
Os estoy contando esto como si ya hubieseis leído el primer libro y esperaseis el segundo, pero puede darse el caso de que seáis personas tranquilas que prefieren saber si el segundo (o incluso el tercer) libro de una saga merece la pena antes de meterse de cabeza a un compromiso de casi tres mil páginas.
Repito: tres mil páginas.
Por aquí os dejo mis impresiones del primer libro y, aunque me repita, esa misma reseña podría servir para El imperio de los condenados, casi palabra por palabra, salvo algunos matices que comentaré después.
Es lo mismo pero con más de todo, que termina haciendo que sea siendo un poco mejor. O, si no queréis comparar, sacaré a relucir el clásico tópico de es la evolución lógica de la serie. Es El Imperio Contraataca o Las Dos Torres de la saga vampírica de Jay Kristoff.
Pues eso.
Si os gusta el estilo de Kristoff, por alguna novela anterior suya, este os gustará.
Si ya habéis probado y no os ha convencido, dudo que estos condenados os hagan cambiar de opinión. Y, en el probable caso de que estéis esperando a ver si la serie merece la pena, os puedo confirmar que, con dos tercios de la misma, cumple y supera mis expectativas.
En fin, que me lio, a lo que iba.
Si ya habéis probado y no os ha convencido, dudo que estos condenados os hagan cambiar de opinión. Y, en el probable caso de que estéis esperando a ver si la serie merece la pena, os puedo confirmar que, con dos tercios de la misma, cumple y supera mis expectativas.
En fin, que me lio, a lo que iba.
El imperio de los condenados arranca justo en el momento en el que termina El imperio del vampiro, retomando la narración que Gabriel de León está haciendo a Jean-François, del clan Chastain, sobre su historia y la del Grial. Gabriel, preso por el clan vampiro, narra su historia con pelos y señales, bajo orden de Margot Chastain, lideresa del clan, y Jean transcribe la historia, interrumpiendo y soltando algún que otro comentario o apunte mordaz. ¿Qué busca Margot? Pues, como queda claro en el primer capítulo del libro, busca un imperio. Ni más ni menos.
Por cierto: si os encontráis algo perdidas, despistados, y os da una pereza enorme releer el primer libro, El imperio de los condenados abre con una especie de resumen, de Dramatis personae, que cumple a la perfección con su cometido de refrescar nombres, relaciones, intereses y hechos puntuales de la entrega anterior.
Maravilla.
Por cierto: si os encontráis algo perdidas, despistados, y os da una pereza enorme releer el primer libro, El imperio de los condenados abre con una especie de resumen, de Dramatis personae, que cumple a la perfección con su cometido de refrescar nombres, relaciones, intereses y hechos puntuales de la entrega anterior.
Maravilla.
920 páginas y, como me pasó con el libro anterior, me parecieron la mitad. La única diferencia es el tiempo que tuve el libro entre las manos porque no percibí ninguna sensación de pesadez o de estancarme en la lectura.
¿Cómo consigue eso Kristoff?
Bueno, ya tenía mucho ganado con esos personajes, las relaciones y los conflictos pero también lleva a cabo algún cambio narrativo.
Estructuralmente, El imperio de los condenados permanece igual. Está divido en 6 partes o libros, con capítulos relativamente cortos, bien abundante en cliffhangers, de esos que hacen que sigas leyendo un poco más antes de dormir, con el consiguiente desvelo.
El pequeño (o gran) cambio viene de la mano de su narrativa .
Me explico.
Uno de los juegos de Kristoff en El imperio del vampiro era su absoluto desdén por un flujo lineal de los elementos de la historia o un salto que se justificase por algún motivo. Gabriel comenzaba a narrar su historia desde su infancia para, llegado un punto, decir que se aburría y comenzaba a contar otra aventura, situada años después, para después volver a la primera historia. La compañía del Grial resultó tener importancia en el marco general de la novela pero esos cambios, en base a lo que parecía un capricho o una forma de sacar de quicio al escriba vampiro, volvieron loquitos de la cabeza a los defensores de una narrativa más clásica, mejor justificada o similar.
Yo lo entendí como un juego, una especie de rebeldía punk de Kristoff hacia las normas clásicas de la fantasía. Siendo sincero, estamos hablando de un libro narrado, en gran parte, en primera persona por parte de un personaje que va a a ser ajusticiado y es casi forzado a contar su historia a sus carceleros... ¿cómo no disfrutar de esas últimas noches haciendo un poco la puñeta a los vampiros que te tienen preso?
Ahora bien, repetir ese jueguecito en esta segunda novela me parecería algo negativo. No por nada en especial, si no por la reiteración.
Y, ¿cómo lo arregla el autor?
Pues no haciéndolo.
La narración de los hechos en El imperio de los condenados (los hechos del pasado, no del presente de los personajes...ya me entendéis) es lineal, con un giro. Y el giro es que no hay un único personaje que narra lo que ocurrió en el pasado; hay dos. Gabriel y otro personaje, que van tomando turnos para contarle su historia a Jean-François.
No voy a desvelar la identidad de ese segundo personaje por aquello de los destripes, no os preocupéis. Se elimina esa especie de capricho, entre personaje y escritor, pero se mantiene ese toque de narración oral, en primera persona, modificada o, si queréis, no fiable. Hasta eso es motivo de chiste por Kristoff, cuando Jean-François le recuerda a un narrador si los hechos que relata están inflados, siendo un narrador no fiable.
Eso, esa pequeña broma, demuestra lo profesional y apasionado que es Jay Kristoff con su obra, conociendo a la perfección aquellos aspectos que, quizás, habían sido motivo de controversia en la primera entrega.
Bien, el resto. La trama, el quid de la cuestión.
¿Mantiene El imperio de los condenados el interés y el ritmo del anterior?
La respuesta corta es un si, una afirmación mayúscula.
Y no era fácil, al ser una segunda entrega de una trilogía, planteada de antemano, que suele ser un punto de relajación entre el arranque y la explosión del final. Quizás la clave de todo sea el enorme mundo que crea Kristoff, su amor (aunque parezca lo contrario...) por sus personajes y la forma de crear y establecer relaciones.
Es un libro de 900 páginas, el centro de una narración dos tercios superior y si que es verdad que hay tramos que parecen un poco alargados o de relleno.
Si estáis tan metidas y metidos en la historia como yo, no hay problema lees 900 o 1500 páginas, da igual.
Pero si que hay un par de tramos en los que se da alguna vuelta de más y, sin embargo, hay viajes de 2 semanas por sinuosos y peligrosos caminos que se salvan con una frase. Esa es la gracia de los narradores y de un escritor como Kristoff.
Estaremos de acuerdo en que el primer libro fue un frenesí continuo pero El imperio de los condenados no se queda atrás. Gabriel sigue narrando su fuga, junto con Dior, de los Voss del Rey Eterno y del resto de clanes vampíricos después de lo ocurrido en la entrega anterior, cuando un nuevo conocimiento anida en su mente: ¿existe una quinta casta vampírica, los Esani, que pueden modificar todo lo que se sabe sobre su ascenso al poder y la noche eterna?
El resto, un montón de revelaciones, acción, sentimientos, sus buenas escenas subidas de tono sin caer en el mero intercambio de fluidos, sangre a chorros, alguna parte especialmente cruel, batallas increíbles, medias verdades (o medias mentiras) y un final que vuelve a suponer un giro absoluto en la historia.
Unos apuntes finales: hay sangre, sexo, violencia, cachondeo, frases macarras y altas dosis de sufrimiento por tus personajes favoritos.
Kristoff no perdona.
¿Es esto young adult? ¿Es romántica?
Yo qué se.
Poned las etiquetas que queráis pero la novela (y la serie) se mueve en un montón de niveles distintos. Nada demasiado naif, no me vayáis de adultos cínicos, presumiendo que lo sabéis todo.
Hasta aquí, la reseña formal.
El imperio de los condenados es un cinco estrellas absoluto, una novela que eleva al cuadrado lo leído en el anterior y deja el listón altísimo para Empire of the dawn, última entrega de la trilogía, que saldrá en inglés en noviembre de este mismo año.
Pensad en todas las sagas de fantasía que se citan en la contraportada y es cierto que tiene un toque de cada una de ellas, pero sin caer en el corta pega barato. Es Castlevania, es The Witcher, es D&D, es un poco (aunque menos) Canción de hielo y fuego... es todo eso, como a su vez esas sagas fueron espejos de otras cosas.
¿Cómo consigue eso Kristoff?
Bueno, ya tenía mucho ganado con esos personajes, las relaciones y los conflictos pero también lleva a cabo algún cambio narrativo.
Estructuralmente, El imperio de los condenados permanece igual. Está divido en 6 partes o libros, con capítulos relativamente cortos, bien abundante en cliffhangers, de esos que hacen que sigas leyendo un poco más antes de dormir, con el consiguiente desvelo.
El pequeño (o gran) cambio viene de la mano de su narrativa .
Me explico.
Uno de los juegos de Kristoff en El imperio del vampiro era su absoluto desdén por un flujo lineal de los elementos de la historia o un salto que se justificase por algún motivo. Gabriel comenzaba a narrar su historia desde su infancia para, llegado un punto, decir que se aburría y comenzaba a contar otra aventura, situada años después, para después volver a la primera historia. La compañía del Grial resultó tener importancia en el marco general de la novela pero esos cambios, en base a lo que parecía un capricho o una forma de sacar de quicio al escriba vampiro, volvieron loquitos de la cabeza a los defensores de una narrativa más clásica, mejor justificada o similar.
Yo lo entendí como un juego, una especie de rebeldía punk de Kristoff hacia las normas clásicas de la fantasía. Siendo sincero, estamos hablando de un libro narrado, en gran parte, en primera persona por parte de un personaje que va a a ser ajusticiado y es casi forzado a contar su historia a sus carceleros... ¿cómo no disfrutar de esas últimas noches haciendo un poco la puñeta a los vampiros que te tienen preso?
Ahora bien, repetir ese jueguecito en esta segunda novela me parecería algo negativo. No por nada en especial, si no por la reiteración.
Y, ¿cómo lo arregla el autor?
Pues no haciéndolo.
La narración de los hechos en El imperio de los condenados (los hechos del pasado, no del presente de los personajes...ya me entendéis) es lineal, con un giro. Y el giro es que no hay un único personaje que narra lo que ocurrió en el pasado; hay dos. Gabriel y otro personaje, que van tomando turnos para contarle su historia a Jean-François.
No voy a desvelar la identidad de ese segundo personaje por aquello de los destripes, no os preocupéis. Se elimina esa especie de capricho, entre personaje y escritor, pero se mantiene ese toque de narración oral, en primera persona, modificada o, si queréis, no fiable. Hasta eso es motivo de chiste por Kristoff, cuando Jean-François le recuerda a un narrador si los hechos que relata están inflados, siendo un narrador no fiable.
Eso, esa pequeña broma, demuestra lo profesional y apasionado que es Jay Kristoff con su obra, conociendo a la perfección aquellos aspectos que, quizás, habían sido motivo de controversia en la primera entrega.
Bien, el resto. La trama, el quid de la cuestión.
¿Mantiene El imperio de los condenados el interés y el ritmo del anterior?
La respuesta corta es un si, una afirmación mayúscula.
Y no era fácil, al ser una segunda entrega de una trilogía, planteada de antemano, que suele ser un punto de relajación entre el arranque y la explosión del final. Quizás la clave de todo sea el enorme mundo que crea Kristoff, su amor (aunque parezca lo contrario...) por sus personajes y la forma de crear y establecer relaciones.
Es un libro de 900 páginas, el centro de una narración dos tercios superior y si que es verdad que hay tramos que parecen un poco alargados o de relleno.
Si estáis tan metidas y metidos en la historia como yo, no hay problema lees 900 o 1500 páginas, da igual.
Pero si que hay un par de tramos en los que se da alguna vuelta de más y, sin embargo, hay viajes de 2 semanas por sinuosos y peligrosos caminos que se salvan con una frase. Esa es la gracia de los narradores y de un escritor como Kristoff.
Estaremos de acuerdo en que el primer libro fue un frenesí continuo pero El imperio de los condenados no se queda atrás. Gabriel sigue narrando su fuga, junto con Dior, de los Voss del Rey Eterno y del resto de clanes vampíricos después de lo ocurrido en la entrega anterior, cuando un nuevo conocimiento anida en su mente: ¿existe una quinta casta vampírica, los Esani, que pueden modificar todo lo que se sabe sobre su ascenso al poder y la noche eterna?
El resto, un montón de revelaciones, acción, sentimientos, sus buenas escenas subidas de tono sin caer en el mero intercambio de fluidos, sangre a chorros, alguna parte especialmente cruel, batallas increíbles, medias verdades (o medias mentiras) y un final que vuelve a suponer un giro absoluto en la historia.
Unos apuntes finales: hay sangre, sexo, violencia, cachondeo, frases macarras y altas dosis de sufrimiento por tus personajes favoritos.
Kristoff no perdona.
¿Es esto young adult? ¿Es romántica?
Yo qué se.
Poned las etiquetas que queráis pero la novela (y la serie) se mueve en un montón de niveles distintos. Nada demasiado naif, no me vayáis de adultos cínicos, presumiendo que lo sabéis todo.
Cubierta de una de las versiones en inglés. |
Hasta aquí, la reseña formal.
El imperio de los condenados es un cinco estrellas absoluto, una novela que eleva al cuadrado lo leído en el anterior y deja el listón altísimo para Empire of the dawn, última entrega de la trilogía, que saldrá en inglés en noviembre de este mismo año.
Pensad en todas las sagas de fantasía que se citan en la contraportada y es cierto que tiene un toque de cada una de ellas, pero sin caer en el corta pega barato. Es Castlevania, es The Witcher, es D&D, es un poco (aunque menos) Canción de hielo y fuego... es todo eso, como a su vez esas sagas fueron espejos de otras cosas.
Aprovecho, por cierto, para comentar que Nocturna vuelve a hacer una edición excelente del libro, al igual que del primero: tapa blanda, márgenes anchos, marcos ilustrados al principio de cada capítulo, respetando las ilustraciones originales y una traducción de Laura Naranjo que me ha gustado mucho y no debió de ser nada fácil (¿Milagro? ¡Por mi culo torneado! me sacó una buena carcajada).
Si sabéis de qué va todo esto y estabais esperando a ver si se mantenía el nivel: lanzaos de cabeza. Disfrutad, celebrad.
Queda poco para que el imperio, como todos los imperios, caiga y con él, héroes y villanos.
Reseña formal, decía, pero mi absoluta devoción por esta serie no puede transmitirse únicamente en un plano formal. El imperio de los condenados despierta en mi una sensación de fenómeno, de evento, un lanzamiento esperadísimo.
Siento una debilidad mayúscula por los vampiros y Jay Kristoff me parece un escritor con el que conecto al 100%, por varios motivos: estilísticos, personales, de temática, etc.
Nunca tuve dudas: sabía que El imperio de los condenados me iba a gustar aún más que El imperio del vampiro.
Y no fallé.
Hay un par de detalles, entre los muchísimos que pillé y otros que seguro que me han esquivado, que son un buen ejemplo de lo que esta saga y Kristoff consiguen en mi. Y es una tontería, unos pequeños guiños: un personaje que se cita con cierta importancia en el lore vampírico se llama Tanith y hay una rata espía llamada Armand. No soy el más listo del mundo pero la rata es un homenaje al personaje del mismo nombre de la saga de libros iniciada con Entrevista con el vampiro de Ann Rice y Tanith es una referencia directa a la escritora Tanith Lee, auténtica referente a la hora de mezclar fantasía, terror y sexualidad, con varios relatos centrados en personajes vampíricos (como Sabella) y elementos oscuros como El señor de la noche, recuperado por Duermevela hace poquito tiempo.
A esto le sumamos mil citas de canciones, desde Architects a Bad Omens, pasando por Bring Me The Horizon o Slipknot, que conforman el centro absoluto de mis reproducciones musicales a día de hoy.
Por eso digo que esta saga o las obras de Kristoff tienen un componente generacional en esta persona humana que os está soltando este rollo.
Y es una manera muy digna de exponer tus referentes, sin miedo, honrando a aquellas mentes que te han llevado hasta este punto.
Si sabéis de qué va todo esto y estabais esperando a ver si se mantenía el nivel: lanzaos de cabeza. Disfrutad, celebrad.
Queda poco para que el imperio, como todos los imperios, caiga y con él, héroes y villanos.
Reseña formal, decía, pero mi absoluta devoción por esta serie no puede transmitirse únicamente en un plano formal. El imperio de los condenados despierta en mi una sensación de fenómeno, de evento, un lanzamiento esperadísimo.
Siento una debilidad mayúscula por los vampiros y Jay Kristoff me parece un escritor con el que conecto al 100%, por varios motivos: estilísticos, personales, de temática, etc.
Nunca tuve dudas: sabía que El imperio de los condenados me iba a gustar aún más que El imperio del vampiro.
Y no fallé.
Hay un par de detalles, entre los muchísimos que pillé y otros que seguro que me han esquivado, que son un buen ejemplo de lo que esta saga y Kristoff consiguen en mi. Y es una tontería, unos pequeños guiños: un personaje que se cita con cierta importancia en el lore vampírico se llama Tanith y hay una rata espía llamada Armand. No soy el más listo del mundo pero la rata es un homenaje al personaje del mismo nombre de la saga de libros iniciada con Entrevista con el vampiro de Ann Rice y Tanith es una referencia directa a la escritora Tanith Lee, auténtica referente a la hora de mezclar fantasía, terror y sexualidad, con varios relatos centrados en personajes vampíricos (como Sabella) y elementos oscuros como El señor de la noche, recuperado por Duermevela hace poquito tiempo.
A esto le sumamos mil citas de canciones, desde Architects a Bad Omens, pasando por Bring Me The Horizon o Slipknot, que conforman el centro absoluto de mis reproducciones musicales a día de hoy.
Por eso digo que esta saga o las obras de Kristoff tienen un componente generacional en esta persona humana que os está soltando este rollo.
Y es una manera muy digna de exponer tus referentes, sin miedo, honrando a aquellas mentes que te han llevado hasta este punto.
Y hay más, mucho más, comenzando por el hecho que El imperio de los condenados, de igual forma que El imperio del vampiro, es una novela que habla de tener fe y amor, aún en momentos en los que eso es un lujo, un imposible. El aspecto del amor está claro, cristalino, y marca toda la existencia de Gabriel, gran parte de sus acciones y remordimientos.
El otro aspecto es la fe; se puede tener fe en un montón de cosas, aunque siempre pensamos en la religión. Kristoff vuelve a jugar con el frágil, delicado y generalmente tramposo, sistema de creencias que aporta una religión organizada, al igual que en la trilogía de Nuncanoche.
Pero todo esto se quedaría corto sin la tremenda galería de personajes, las situaciones y los vampiros de la novela. Podría deciros mi personaje favorito, sería un spoiler gordísimo, pero si os puedo comentar que las némesis de esta parte de la historia, encarnadas en los líderes del clan Dyvork, me parecen dos personajes absolutamente deliciosos, malvados, sangrientos y llenos de interés.
He celebrado el lanzamiento de El imperio de los condenados como un hito, un hecho esperadísimo y no me ha defraudado.
Ahora espero ese Empire of the dawn con un ansia terrible.
Todos los imperios caen...y este no va a ser una excepción.
El otro aspecto es la fe; se puede tener fe en un montón de cosas, aunque siempre pensamos en la religión. Kristoff vuelve a jugar con el frágil, delicado y generalmente tramposo, sistema de creencias que aporta una religión organizada, al igual que en la trilogía de Nuncanoche.
Pero todo esto se quedaría corto sin la tremenda galería de personajes, las situaciones y los vampiros de la novela. Podría deciros mi personaje favorito, sería un spoiler gordísimo, pero si os puedo comentar que las némesis de esta parte de la historia, encarnadas en los líderes del clan Dyvork, me parecen dos personajes absolutamente deliciosos, malvados, sangrientos y llenos de interés.
He celebrado el lanzamiento de El imperio de los condenados como un hito, un hecho esperadísimo y no me ha defraudado.
Ahora espero ese Empire of the dawn con un ansia terrible.
Todos los imperios caen...y este no va a ser una excepción.
Haznos sufrir, Kristoff.
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