Esos requisitos no se los puedo pedir a todas las lecturas pero hay algunas que vienen especialmente marcadas para ello.
Maeve Fly, escrita por C.J. Leede y editada en castellano por Dimensiones Ocultas con la traducción de Pilar Ramírez Tello, llevaba mucho tiempo en mi lista, justo con esos requisitos: lo incómodo y extraño, lo visceral.
Y la verdad es que ha cumplido con creces, escapando, incluso, de mis altísimas expectativas.
Bienvenidas, bienvenidos, a la mente de Maeve.
No vais a salir indemnes.
Título: Maeve Fly
Autora: C.J. Leede
Editorial: Dimensiones Ocultas, 2025
Traducción: Pilar Ramírez Tello
Páginas: 380
Maeve trabaja de día en el lugar más feliz del mundo, encarnando a la princesa de hielo que todos los niños adoran. Pero cuando cae la noche, se transforma: recorre los bares del Sunset Strip con un cóctel en una mano y un libro en la otra, adoptando la actitud de sus ídolos literarios más misantrópicos.
La llegada de Gideon Green, el hermano de su mejor amiga, despierta en ella algo profundo y peligroso. Lo que antes era solo una máscara de desencanto se convierte en una metamorfosis sangrienta. Inspirada por American Psycho, Maeve deja atrás sus disfraces y abraza una nueva identidad: feroz, desatada, letal.
No es Maeve Fly una novela que se preste muchísimo a revelar su argumento, casi mejor dejarse llevar por los hilos de la historia pero, por el contrario, creo que gana muchísimo dejando ciertas cosas claras.
En Maeve Fly nos vamos a pasar 380 páginas dentro de la cabeza de Maeve, su protagonista.
Y ese es un lugar extraño, incómodo.
Ella será nuestra referencia, nuestros sentidos y nuestras palabras.
Y, ¿quién es Maeve?
Pues Maeve es una mujer muy particular.
Trabaja como princesa estrella en un parque de atracciones temático y guarda un enorme parecido físico con el personaje que representa.
No le deis más vueltas: es Elsa, de Frozen, en un parque Disney de Los Ángeles.
Cuidado, que no os denuncie el ratón.
Le flipa ese trabajo, es su sueño, y comparte escenario con Kate, actriz en ciernes, que es como una hermana para ella.
La parte personal es más complicada: Maeve vive con su abuela, antigua actriz de la época dorada de Hollywood, en una clásica mansión de Los Ángeles. Maeve y su abuela se apoyan, se conocen, pero la anciana lleva un tiempo en coma, atendida en casa por una enfermera.
Y unos últimos aspectos: Maeve está interesadísima en literatura, digamos, poco convencional, desde el Marqués de Sade al American Psycho de Easton Ellis, pasando por su obsesión actual que es Historia del ojo de Georges Bataille, libro que lleva a todas partes.
En contraposición a tanta intensidad cultural, Maeve también está loca por Halloween: su estética, tradiciones y contexto, llegando a tener listas de reproducción temáticas que escucha compulsivamente, similar a la obsesión de Patrick Bateman con Huey Lewis and the News.
Esta es, a grandes rasgos, Maeve, su entorno y rutinas que saltarán por lo aires con la aparición de Gideon, hermano de Kate y jugador profesional de hockey sobre hielo.
C.J. Leede debutó con esta novela, ampliamente premiada y recogida en mil listas, basando parte de su impacto en la protagonista y en la forma de construir el libro. No es nada nuevo, no deja de ser el tipo de historia narrada por la propia protagonista, obligando al público a meterse en su cabeza y ver el mundo a través de sus sensaciones e impresiones.
Aunque no te gusten.
Funciona a la perfección, claro, y Leede no abandona en ningún momento esa perspectiva. Ayuda, también, la faceta más cultural de Maeve, que propicia que haya pasajes con mucha carga narrativa justificados por su propia personalidad.
Me gusta, me gusta mucho el estilo de Leede/Maeve, llegando a ser una voz con vida propia en mi cabeza, además de la casi inevitable unión entre personaje y autora.
Y ahí viene el lío, porque Maeve no es una persona sencilla.
Maeve, como comprobaréis, es una misántropa de aúpa. No, lo de sus lecturas favoritas no era postureo para redes sociales.
Maeve, salvo contadísimas excepciones, detesta a la humanidad, meros cascarones vacíos de interés excepto para satisfacer sus funciones básicas imprescindibles. Quizás por eso está obsesionada con la muerte, la soledad, el sexo y la violencia. Con Halloween, con tener que tratar con los demás fuera de ese envoltorio que es su trabajo como princesa.
Máscaras que tapan otras máscaras.
Maeve tiene obsesiones, pensamientos intrusivos y comportamientos que pueden llegar a saturar, llegando a desconectar poco a poco con ella.
Ahí es donde la novela y C.J. Leede se la juegan; en conocer el punto clave en el que Maeve saturaría al público lector con sus discursos, llegando a puntos en los que no sabes distinguir realidad o ficción.
Leede sortea ese obstáculo con un tercio final violento, exagerado, pero también emotivo, que se atreve con ideas y soluciones de las que no abundan.
Eso me llegó a pasar, siendo sincero. Entré de lleno en la novela y su propuesta, en la cabeza de Maeve, pero me llegó a saturar, distanciándome de la lectura, recuperando la conexión en esa parte final.
Me repelía su elitismo cultural, su elevada posición sobre el resto de personajes, ese no soy como ottas personas tan llevado al extremo.
Entiendo, quizás, que esa sea parte de la intención de la autora con un personaje como Maeve, personalidades capaces de ahogarte, de distanciarte de ellas casi como un recurso de supervivencia, pero puede suponer un bache muy duro en la novela, un riesgo muy calculado, que se une a otros apectos que me han gustado menos.
Hay algún que otro altibajo, ideas y situaciones algo repetitivas y un final que, pese a ser casi perfecto, me resultó apresurado.
Maeve Fly es una novela actual, cargada de ideas, obsesiones y temores de la sociedad postCovid y de un entorno muy particular: Los Ángeles, esa tierra de sueños eternos y oportunidades de pesadilla.
Leede construye una novela muy cinematográfica y muy meta, casi una película dentro de una película, un mundo creado por una Maeve que rompe la sucia realidad para imponer una visión aún más desesperada y autodestructiva.
Una visión femenina, claro, poniendo el foco en miradas, comportamientos y abusos de un mundo, de una sociedad, construida para uso y disfrute de los hombres sin que deban pagar ningún tipo de peaje ni de respecto.
Pero, ante todo, Maeve Fly es una novela atrevida y furiosa. Se atreve con un estilo narrativo que lleva hasta las últimas consecuencias, con una violencia en ascenso y un uso del sexo y la psicología tan directo como perturbador.
No es la novela más escandalosa del mundo pero si lo suficientemente arriesgada como para que no sea recomendada para cualquier tipo de público.
Y, aviso, se atreve con un final redondo.
Maeve Fly entra en comunión con novelas como la referencia directa y propia de American Psycho pero también de otras obras más actuales, mucho terror independiente, como Pearl de Ty West o May de Lucy McKee, ese toque algo camp en su violencia y oscuridad de American Horror Story o esa visión del mundo del cine de ¿Qué fue de Baby Jane? o, vuelvo a Ty West, MaXXXine.
Muchos referentes en la batidora y muchas referencias directas entre sus páginas, tanto literarias, como fílmicas y musicales, aportando ese aire de obra pop, entre garitos Angelinos, cine, literatura y música de Halloween.
Maeve Fly me ha gustado mucho, entrando en mis mejores lecturas del año.
Vas más allá de ser un American Psycho con protagonista femenina, pese a sus conexiones, para crear un tipo de historia similar en extremos distantes.
Una apuesta de Dimensiones Ocultas por un título complejo, de calidad y muy arriesgado, traducida por Pilar Ramírez Tello, con alguna que otra nota para completar información.
No es una novela sencilla, ni para cualquier tipo de público, pero Maeve no es una persona cualquiera.
Atreveos a conocerla.
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