viernes, 31 de julio de 2026

Aquelarre en frío - Iván Ledesma / Dolmen

Para todas las personas a las que nos gusta el terror, el literario en especial, es una suerte tener a un autor como Iván Ledesma.
Y aún más si hablamos del género en castellano.
Pocas autoras, pocos autores, salen cada año con una novela nueva (…o más) bien cargada de tensión, monstruos, premisas impactantes, personajes diversos y algunas conexiones comunes que, si bien no resultan esenciales para comprender la historia, te permiten ir montando un intrincado esquema del Ledesmaverso.
Siempre ambientado en lo que conoce, en parajes cercanos, ya sea el extrarradio de Barcelona, un pueblo perdido o, como en el caso que nos ocupa hoy, un hospital comarcal.
Nos gusta mucho irnos a Maine pero, por suerte, no siempre es necesario.
Aquelarre en frío es la propuesta de 2026 de Iván Ledesma, una terrorífica nochevieja en un hospital comarcal, con un buen puñado de personajes acosados por diferentes horrores: unos externos, otros internos.
Una propuesta directa, violenta y tensa, bien cargada de maldades, con la que he disfrutado un montón.



Título: Aquelarre en frío.

Autor: Iván Ledesma.

Editorial: Dolmen, 2026

Páginas: 338

En la última noche del año, un hospital comarcal queda cercado por una inundación que lo convierte en una trampa de hormigón, donde trabajadores y pacientes intentan sobrevivir mientras, un grupo de brujas y sus acólitos se abre camino hasta el interior del edificio con el propósito despertar a una de sus hermanas, encerrada desde hace más de cien años en una máscara mortuoria que aguarda en algún punto del hospital.

Para completar el ritual lo anegarán todo de sangre y muerte, y quienes han quedado atrapados allí con ellas, desde un jefe de enfermeros hundido en la depresión hasta una paciente de psiquiatría al borde de la fuga, pasando por una mujer embarazada y una encargada de limpieza que oculta un terrible pasado, descubrirán que poco pueden hacer para evitar el macabro ritual una vez comience.


¿Habéis pasado alguna noche en un hospital?
Seguro que si, a no ser que tengáis mucha suerte y una salud a prueba de bombas.
Yo he pasado algunas, por desgracia, seguro que muchísimas menos que Iván Ledesma. Llega un momento, pasada la hora bruja, en el que el tiempo parece detenerse. Los minutos no fluyen, las tenues luces nocturnas parpadean como enviando mensajes en lenguajes cifrados y lo único que se escucha son los pitidos de las máquinas de asistencia, quejidos de enfermos y los chirridos del calzado del personal de guardia. Todo se detiene, en apariencia, como tragado por un agujero negro.
Es una sensación extraña, desasosegante.
Ahora, si sabéis de lo que os hablo, guardad esa sensación en la cabeza y añadid a la mezcla nochevieja y hospital comarcal.
Si esto, de por sí, no os da miedo, casi pavor, aumentamos la experiencia con una peligrosa tormenta en el horizonte, que puede dejar el hospital incomunicado, y la presencia de un misterioso asesino que se dedica a grabar extraños símbolos en sus víctimas.
Este es el caldo de cultivo de Aquelarre en frío, el paisaje de la foto fija inicial, al que faltan por añadir una buena cantidad de personajes, entre enfermos, personal del hospital y algunas invitadas especiales, un aquelarre con macabras intenciones.


Y, ¿cómo gestiona esto Ledesma?
Para añadirle un plus a la lectura, una marcha más al desenfreno, opta por su tradicional estructura en capítulos cortos, cada uno de ellos tratado desde la perspectiva de un personaje… con un añadido extra.
Ese complemento es la juguetona inclusión de una hora, un marco temporal que va a provocar que repasemos cada conexión entre los personajes, cada cruce en los pasillos, cada conversación.
¿Por qué?
Porque una de las capas, de las máscaras de Aquelarre en frío, es un juego de confianza entre los personajes.
Un whodunit, si lo preferís, uno de esos misteriosos asesinatos en los que hay que descubrir el culpable, o, si os gustan los juegos de mesa, una partida salvaje a Blood on the clocktower.
Tenemos distintos perfiles encerrados en ese hospital, acosados por amenazas sobrenaturales que tenemos bien identificadas, pero ellos esconden sus terribles secretos.
Y no solo eso, quizás no todos digan la verdad acerca de su personalidad e intenciones…
De ahí esa necesidad, casi esa justificación, por la estructura utilizada. 

Tenemos la información temporal, nos pondremos en el punto de vista, en los zapatos, de cada personaje y luego, al final, nos llevaremos los inevitables tortazos. 


Aquelarre en frío es, para sorpresa de nadie, una novela de terror.
De principio a fin, de cabo a rabo.
Otras obras recientes anteriores, como El llanto del cuco (en mi lista de recomendaciones de 2025), caminaban por los terrenos del thriller, con algún toque escabroso, pero en esta ocasión es terror total y absoluto.
Y del fuerte, por aquello de delimitar bien las fronteras, en ocasiones difusas, entre terror y thriller.
Hay terror psicológico, bien marcado por la existencia de personajes atrapados en un recinto cerrado, tintes sobrenaturales y un componente de body horror, tan desagradable como, siendo sincero, entretenido y festivo para perturbados como el que escribe esto.
Todo este horror, en sus distintas formas y matices, juega a favor de la novela.
Aquelarre en frío es una historia de situaciones pero también de personajes y para todos y cada uno de ellos hay una maldad esperando… y para vosotros y vosotras, lectores y lectoras.
No penséis que vais a escapar indemnes.

Un carácter común a este tipo de historias es el poco o nulo desarrollo de personajes. Todos son un arquetipo útil para el funcionamiento de la trama pero no hay nada más allá. Ledesma construye una galería de personajes ágiles y funcionales, para el tipo de narración, pero no se queda en el simple boceto. Dota a cada una de esas pobres almas encerradas en el hospital de una personalidad, unas motivaciones, algún que otro secreto y una ligera evolución, dentro de las escasas 12 horas en las que transcurre la acción. Ahí se apoya en unos perfiles clásicos y básicos pero funciona muy bien el estilo narrativo. Cada capitulo, como decía, está contado desde el punto de vista de un personaje pero las voces son diferentes. No hay un único narrador omnisciente, así que nos vamos a encontrar personajes que nos cuentan lo que pasa en primera o tercera persona, estableciendo ciertos vínculos porque, si te cuentan algo de primera mano, el impacto es mayor ¿no?

Por cierto, que maravilla el aquelarre, menudo disfrute canalla entre La Fría y La Cizaña, junto con sus acólitas y ese extraño trío liderado por un viejo decrépito…
A la galería de cosas molonas de cabeza.


El terror de Aquelarre en frío es muy cinematográfico, algo ya marca de la casa.
Siempre, y personalmente como el resto de este comentario, encuentro algo muy Carpenteriano en la obra de Ledesma. No se si será por la presentación de las amenazas, por el desarrollo o el tono, no se, pero aquí también lo percibí. Un hospital aislado acosado por extrañas figuras que llegan en un autobús bajo formas de lo más común y un juego de secretos e identidades entre las personas atrapadas dentro; eso no puede llevarme a otro sitio más que a El príncipe de las tinieblas y La Cosa.
Palabras mayores, claro, pero el toque está ahí.

También encuentro chispazos de cosas como Cazadores de mentes (Renny Harlin, 2004), The void (Steven Kostanski, Jeremy Gillespie, 2016) o Last Shift (Anthony DiBlasi, 2014); el hospital aislado por extraños cultos, el juego de secretos entre personajes aislado o el entorno cerrado que funciona casi como un círculo del infierno enfrentando a los protagonistas con sus propios pecados.
El aquelarre del título también me llegó a recordar a personajes de Sortilegio de Clive Barker y obvio que hay cosas muy de King por ahí, empezando por ese puteo a los personajes tan de, no se, Desesperación/Posesión.



No os doy más vueltas: Aquelarre en frío es un cinco estrellas si os gusta el terror y no os asustan un par de gusanos por ahí. 

Un horror lúdico, con una simplicidad que no está reñida con un exquisito uso de los personajes y entorno, de la psicología, de los miedos y temores.
Ledesma, además, aumenta y enriquece su mundo propio, uniendo tangencialmente (como suele hacer) esta novela al universo de Negorith.
Si no has leído las novelas anteriores, no te preocupes, vas a comprender esta a la perfección y, probablemente, te lances a por las demás al terminar. Y si has transitado por esos mundos con anterioridad seguro que vas a pillar más de una conexión.
He disfrutado mucho, muchísimo, con Aquelarre en frío, con su alma de whodunit, con esas brujas y esos personajes grises atrapados en un hospital y la mezcla de acción y terror, con toques de body horror, tan ágil que no vais a poder dejar de leer y con un tercio final maravilloso y perverso.
No le puedo pedir más.
Si hay hasta parkings inundados

1 comentario:

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