Llegué tarde a la fiesta de
"Cinco tumbas sin lápida". O, quizás, llegué en el momento oportuno.
¿Quién sabe?
Ya había leído a Tony Jiménez con anterioridad (sus títulos con
Dilatando Mentes y
"Casa de sombras") pero cuando cayó en mis manos, a finales del año pasado, la reedición de la (entonces, descatalogada) primera entrega de las desventuras de George Campbell por Shelter Mountain, me voló la cabeza.
"Tumbas vacías" es la continuación directa de ese título pero, aunque en Shelter Mountain ha pasado un año, en nuestra realidad han pasado muchos más.
Y en el arte de Tony Jiménez, ni os digo.
Hay un elemento que permanece invariable, inalterable: el delicioso encanto de lo oscuro.
Y ahí, en ese terreno frío y desolador, Shelter Mountain es invencible.